Una imprescindible presencia institucional en Ceuta y Melilla
Miguel del Río | 19.10.2026
Cuando en un país acontece una catástrofe en sus diversas formas, el poder debe estar siempre presente, al lado de todas esas personas que sufren. Las denominadas visitas institucionales son por eso imprescindibles cuando vienen mal dadas. En España tenemos no pocos sucesos en los últimos años, y en cada uno de ellos se ha dado esta falta de sensibilidad hacia los damnificados. La presencia dice mucho, y se lo pueden decir a los ceutíes que, con toda razón, se sienten abandonados. De ahí que la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla haya roto un poco esta sensación creciente de que los ciudadanos cada vez importamos menos.
Tapar un escándalo con otra cuestión que surge en el momento, sea real o inventada, es una vieja táctica política, de cara a despistar al periodismo y este a su vez a la opinión pública. Ceuta y todo lo que pasa en esta ciudad autónoma española está dentro de ese supuesto de marear la perdiz, que casi siempre pretende lo mismo: evitar responsabilidades y consiguientes dimisiones. Demasiado preocupante es una invasión territorial desde Marruecos a España, vecino hostil, diga lo que diga el Gobierno, como para querer taparlo uno y mil días. Por si fuera poco, el conflicto sube ahora de tono al desvelarse la presencia de buques de guerra marroquíes en la zona durante el día de la entrada masiva de sus ciudadanos en suelo español.
A la luz de lo sucedido, que llena de indignación a los españoles, los Reyes acaban de visitar Ceuta y Melilla. En su primer discurso en la ciudad invadida, el monarca ha dejado claro para lo que sirven a la postre las maniobras de distracción. “Sigue teniendo un enorme impacto social, político, económico y psicológico”. Son palabras de Felipe VI, al igual que estas: “Muchos millones de españoles tienen grabada en la retina las imágenes de aquella violación de nuestra frontera”.
Al referirse a Marruecos, creo que tampoco se anduvo con medias tintas. “Ceuta es España, es Europa, por tanto, su frontera, como la de Melilla, lo es de la Unión. Cualquier amenaza que sufra es una amenaza al conjunto de la Unión Europea”, dijo. Para añadir: “La soberanía y la integridad territorial no son negociables y, ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa”. Manifestó igualmente, de manera clara, que quienes entraron irregularmente en nuestro país deben regresar a su lugar de origen. Ha hecho mucho calor desde aquel 30 de julio de 2026, día de la entrada de 80.000 inmigrantes irregulares. Desde entonces, hemos llegado a una actualidad que habla de vivienda, acampadas y anuncio de elecciones para el 29-N. Aunque Ceuta y los ceutíes no habían recibido aún las visitas y discursos adecuados a su gravísima situación.
Ha sido todo lo vivido tan rocambolesco (y en ello seguimos), que menciono seguidamente diversas cuestiones de este guion tan surrealista. Entre informes de seguridad redactados, que desaparecen o no se les hace caso; entre que los servicios de inteligencia españoles alertaron, pero luego se niega; entre que nunca se ha sabido la cifra real de los que entraron, tampoco de los que han salido, y menos los que siguen aquí; entre que si los militares marroquíes estuvieron también presentes en la avalancha colosal; entre fragatas de guerra de Marruecos cuya noticia aparece ahora (otra de despiste). Entre todo esto que digo, la impresión que damos como país no puede ser más lamentable.
Creo que desde Madrid no se ha medido bien el alcance en el conjunto de los españoles que tiene Ceuta y Melilla. Se ha errado también, muchísimo, respecto a la no presencia institucional, sobre todo de los más altos representantes del Gobierno. Los cortafuegos mediáticos, especialmente los televisivos porque muestran imágenes reales incómodas, tampoco han funcionado, ya que se ha impuesto el clamor de los caballa que, por sí solos (se repite lo del pueblo ayuda al pueblo) han sabido trasladar su pena, rabia, malestar, miedo e inseguridad al conjunto del país. Por eso creo que Ceuta va a estar también muy presente en toda la precampaña electoral, hasta la misma jornada electoral del 29 de noviembre.
Lo ocurrido entre julio y agosto de este 2026 deja entre los españoles otro gran interrogante. Si no estamos preparados para una respuesta adecuada a lo que ha ocurrido, ¿qué sucedería mañana si la cosa se pone peor? De poco nos sirve tanto Ejército, sus cuantiosos medios, policías y demás, si no generan el debido respeto y temor en el vecino tan incómodo que ya es Marruecos. Ahora parece que todo lo apostamos a que la Unión Europea refuerce esa frontera, que considera suya, y que ha sido la única buena noticia recibida en la gran crisis ceutí. Tiene además toda la pinta de ser una crisis duradera en el tiempo.
Los Reyes han ido, sí. Su presencia ha encantado, sí. El monarca ha visto la realidad, sí. Pero los ceutíes siguen igual que hace dos meses, demasiado abandonados a su suerte. Porque es tarea de un Gobierno reaccionar y actuar, y de estar presentes allá donde se da la catástrofe, la calamidad, la necesidad, y la ayuda urgente. Uno empieza a estar harto de tanta dana en sus diferentes formas, y las reacciones tan improcedentes, injustas e insolidarias por parte del Estado y, en concreto, del Gobierno y sus representantes.
Miguel del Río