16.000 escolares ceutíes y la anormalidad tolerada en sus vidas
Miguel del Río | 14.09.2026
Cuando la desidia hacia los ciudadanos se refleja también en los niños, es que hay absoluto desprecio hacia lo ético y moral. El regreso a las aulas de escolares ceutíes entra dentro de esta anormalidad, custodiados por militares, policías y seguridad privada. En realidad, nada es normal en Ceuta. Mucho menos el comportamiento político hacia ciudadanos españoles que ven hurtados sus derechos. No hay respuesta a los problemas cuando no se quiere, y esto es lo que ocurre con el asalto desde Marruecos de miles de inmigrantes ilegales. Esta vez bien informados, estamos viendo lo que se hace con compatriotas abandonados a su suerte.
Además de los días 30 y 31 de julio de 2026, fechas de la invasión masiva de inmigrantes marroquíes, el 8 de septiembre tampoco será para olvidar. Fue el día de apertura del curso escolar en Ceuta. En la prensa veo una foto de un vehículo militar del Ejército español, apostado a la entrada de un colegio. 16.000 escolares ceutíes tienen que estudiar así, en estas condiciones tan lamentables, algo indigno dentro de un país que se ve moderno, y perteneciente a la Unión Europea, cuyo papel en todo lo relacionado con este asalto es también desconcertante. De la actuación del Gobierno de España ya ni hablemos, aunque, sí, hay que hacerlo, comentarlo constantemente, por semejante demostración de ineficacia, inoperancia y desidia (denunciables), de un Estado que deja tirados a sus ciudadanos cuando más lo necesitan.
Levantarnos y acudir al trabajo, hacer gestiones y recados, citas médicas, deportes o pasear tranquilamente por las calles. Cogemos el autobús, un taxi, acudimos a los lugares acostumbrados para hacer la compra, los estudiantes entran en sus colegios, institutos o universidades, muchos padres, sobre todo por la corta edad de sus hijos, los acompañan hasta esas aulas. El día a día genera también la correspondiente circulación de vehículos, coches, motos, taxis, repartidores en sus furgonetas. Relaciono algunas de las muchas cosas que a diario llevamos los ciudadanos a cabo, sintiéndonos seguros a la hora de realizarlas. Pues bien, a nada de esto tienen derecho los ceutíes, con su ciudad asaltada por inmigrantes ilegales, y con un Gobierno ubicado en Madrid que se muestra incapaz de solucionar tanto esta cuestión, como otras que hemos vivido en el pasado, y las que nos quedan por delante en una España que no muestra seguridad ni confianza alguna ante cualquier ataque exterior que pudiéramos recibir.
A estas alturas, estar todavía con que, si Marruecos ha participado o no de lo que acontece en Ceuta, con amenaza de repetición que incluye Melilla, es una tomadura de pelo. Denota lo que se piensa de los ciudadanos: no importamos. Nadie rinde cuentas por su mala gestión. La mirada ya está puesta en nuestra capacidad de reaccionar, y de un aguante al límite total, porque la confianza ha llegado a su fin. Ya no existe.
Lo que se llama normalidad en Ceuta es que sus auténticos ciudadanos, españoles, tengan que acudir a un supermercado o acompañar a sus hijos a los colegios, bajo la atenta mirada de Ejército y Policía. Ya lo de contar con seguridad privada dentro de los centros escolares clama al cielo. ¿Pero qué país seguro y fuerte nos quieren vender? Somos un auténtico desastre.
Hacía tiempo que no veía unidad de criterio en la mayoría de los medios de comunicación sobre las cuestiones que acontecen en España. Ceuta está siendo excepción. No hay día en que, muy merecidamente, saquen los colores al Gobierno, por tanta inoperancia, falta de respuesta ante Marruecos, y querer presentar un nuevo relato interesado de informes y más informes, marear así la perdiz, aunque ya no se lo cree casi nadie. Lo ocurrido los días 30 y 31 de julio, o ahora con el regreso de los niños a los colegios, solo tiene una verdad, la que se ve en las calles de Ceuta.
Me da igual el reto que haya por delante, pero los ceutíes tienen que volver a la vida que tenían anteriormente a esas dos fechas tan negras en la historia de España. No ha lugar a exagerar sobre lo que como país somos capaces de hacer frente al resto del mundo, si aquí, dentro de nuestro territorio, un asalto de 72.000 inmigrantes ilegales deja tan mermados los derechos de la población ceutí, que se siente absolutamente abandonada. Son palabras de ellos mismos, que se escuchan a diario por las televisiones. Estas son algunas de sus frases, que recogen lo que realmente sienten: “No es normal vigilantes en los colegios y que vean a militares y policías”, “No tengo porque hacer la compra entre militares”, o ésta mucho más preocupante, “No sé si va a saltar una chispa y va a pasar algo».
Con los ceutíes no se están cumpliendo actualmente muchos preceptos establecidos en la Constitución Española. Artículos que van desde la seguridad, la defensa del territorio nacional, las obligaciones del Gobierno, responder a agresiones externas, y escuchar y atender debidamente a los ciudadanos dando respuesta inmediata a la gravedad de sus problemas como ocurre en Ceuta. Si todas las líneas rojas cruzadas en los hechos vividos hasta hoy, no hacen despertar y reaccionar a quienes deben propiciar el regreso a la normalidad, que se paren en los miles de escolares ceutíes y lo dramático de su vida ahora. Poco podemos esperar de lo que vayan a sacar en claro de sus estudios y profesores. Estos últimos, como los padres y familias, a lo que están es a su seguridad y supervivencia, hurtada de la noche a la mañana, y sin que nadie en Madrid actúe como es debido.
Miguel del Río