COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO
CLARAMENTE DIOS TE GUARDA; Y, NOS AGUARDA, COMO NADIE
“CONFIANZA EN EL SEÑOR ANTE EL AVISPERO: Mientras el artificio mundano nos mora y desmorona, saber que sólo Dios nos ama perpetuamente, nos eleva el ánimo, sosteniéndonos y sustentándonos con el nutriente de la clemencia. Eso sí, hay que llamarlo y decirle: soy tuyo, ¡sálvame! No hay mejor tono, ¡qué su liberador timbre! Cantando, encantados por dar gloria a su nombre y contando con su perenne socorro, nos abrimos al misterio de su esperanza sin miedo y con alegría.”

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 01.08.2026
I.- LA COMPASIÓN INVITA A LA ACCIÓN MÍSTICA
La expansión de los panes y los peces,
son la expresión del desprendimiento,
un penetrante principio de humanidad,
y una profunda lección misericordiosa,
de creencia en Dios como fuente viva.Jesús ve la fragilidad y nos acompaña.
Su evidencia es de corazón a corazón,
recobrando, alentando y alimentando;
aliviando el mal ajeno como el propio,
aunque desfigure nuestros propósitos.Teniendo a Cristo el amor se instituye,
no hay abatimiento que nos desplome,
sólo hay que tener fe y dejarse mover,
su verbo es el verso que todo lo versa,
lo ilumina y da sentido a nuestra vida.
II.- LA ESCASEZ IMPULSA A LA PIEDAD SANTA
Los devotos del Mesías notan y anotan,
con naturalismo humano el panorama,
el caer de la tarde en un yermo hábitat,
en un despoblado mar poblado de olas,
de fidelidad y de reafirmación al credo.La confianza en el Señor es manifiesta,
nadie se desvanece en lo fundamental,
Dios nos pide unirnos y reunirnos más,
pues aunque no gocemos de recursos,
lo vital es compartir y repartir aliento.En el darse y en el donarse vive la paz,
la armonía del ser con el saber habitar,
pues la opulencia todo lo desasosiega,
mientras la insuficiencia todo lo eleva,
con mirada amistosa y visión celestial.
III.- LA OCASIÓN INDUCE AL PAN EUCARÍSTICO
Jesús toma los aconteceres cotidianos,
levanta la mirada a las alturas divinas,
pronuncia y anuncia el ruego de la luz,
con equivalente gesto a la última cena,
donde Él toma nuestro humilde andar.Cristo sigue al penitente en penitencia,
lo asiste, ampara y ayuda cada jornada,
bendice nuestro manso acaecer diario,
lo alcanza para saciar la sed espiritual,
y el hambre que tenemos en el mundo.La escasez se socava con la coalición,
lo trascendental se halla en participar,
en ofrecer estas maravillas inmortales,
memorial de la muerte y resurrección,
centro de nuestra labor y culto devoto.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
01 de agosto de 2026