COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

AQUEL QUE BUSCA A JESÚS; SIEMPRE LO PERCIBE

 

 

“EL REINO DE LOS CIELOS ES EL VALOR SUPREMO: Lo importante es conocerse y reconocerse junto al Señor, quien lo descubre y no lo encubre, queda cautivado por tanta bondad/verdad, deseoso de seguir sus pasos, que son auténtica percusión liberadora. Esta es la verdadera asistencia para una contemplativa existencia, ¡la habitada por la presencia del Salvador en nuestra vida! Dejemos que Dios reine en nosotros, la alegría será sublime y el gozo eterno. ¡Amén!”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 25.07.2026


 

 

 

I.- HALLADO EL TESORO ESCONDIDO;
TODO SE REANIMA Y NOS ANIMA

Somos gentes de palabra en camino,
en búsqueda continua de esperanza,
deseosos de hallar el caudal divino,
que es lo que nos vuelve obedientes,
y mansos de corazón por aquí abajo.

No hay mejor miramiento que darse,
que ofrecerse como campo de amor,
que celebrar el reencuentro habitual,
que atesorar virtudes como claridad,
para divisar a Jesús y seguir sus olas.

Su mar es una corriente de dulzuras,
una marea de bondad y de verdades,
que nos trasfiguran hacia el poema,
que no es otro que el tacto que soy,
como siervos de Dios que brotamos.

 

 

II.- EXPLORADA LA PERLA PRECIOSA;
TODO SE REVIVE Y NOS VIVE

Conocer a Dios da sentido al relato,
nos invita a reservar nuestro tiempo,
a no gastar ni a desgastarnos el alma,
en mundanidades que nos amortajan,
de vacíos que nos envician de vicios.

Los defectos, como las lacras, viven;
afloran en las superficies mundanas.
El que quiere reconciliar horizontes,
ha de sumergirse hacia sí para oírse,
pues lo armónico está en la escucha.

Seamos los centinelas existenciales,
anidemos el verbo al verso viviente,
pongámonos a servir como juglares,
que un buen trovador sabe dilucidar,
lo terrícola de lo celeste y ser poesía.

 

 

III.- LANZADA LA RED MISTERIOSA;
TODO SE RASTREA Y NOS REDIME

Jesucristo, el gran tesoro escondido,
el resplandor que todo lo embellece,
no puede hacer otra cosa que causar
regocijo, lanzando la malla del bien,
como masa de impulso y sol de vida.

Todos estamos llamados a purificar,
tanto las entretelas como el cuerpo;
es menester llevarlo a buen término,
conciliar pasos y reconciliar pulsos,
hacer penitencia y rehacerse níveos.

El propósito de enmienda es capital,
como la unión en las cosas precisas,
en las confusas la libertad de opción;
y, en todas ellas, la paz como deber;
amando mucho y queriendo aún más.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
25 de julio de 2026