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La fe frente a la tragedia de Urda: Impactante testimonio de Ana y las últimas palabras virales de Carlos

 

 

 

03/11/26 | Zenón de Elea


 

 

 


Ana, hermana de David,
fallecido en el accidente de Urda, en Espejo Público.

 

 

 

Los testimonios de fe después de una tragedia como la de Urda siguen impactando. Sobrecogen. Abruman y consuelan. Testimonios que alejan la pregunta de dónde estaba Dios o que incluso se enfadan con Él por permitir tales tragedias. Son testimonios que dicen no tener miedo a la muerte si uno está enamorado de Cristo. Testimonios que dicen que el fallecido tiene una misión más alta ahora en el Cielo.

Sobrecogen, incluso a periodistas descreídos. «Bendita tu fe», le decía Susana Griso a Ana tras entrevistarla y escuchar su testimonio. Estos son los dos testimonios que en los últimos días se han hecho virales y que están llegando al corazón, que están conmocionando y que no podemos dejar de llorar cuando los escuchamos. Qué ejemplo más grande.

El primero es el de Ana Benítez, hermana de David Benítez Domínguez, uno de los fallecidos en el accidente ferroviario. David tenía 38 años, vivía en Sevilla con su mujer y sus dos hijos, un niño y una niña de uno y dos años. Ana tuvo que enfrentarse a la incertidumbre de no saber dónde estaba su hermano. Durante días, la familia esperó noticias, hasta que se confirmó la peor de ellas. Cuando se difundió su testimonio de fe, todavía no había podido enterrar a David.

«Si no es por la fe esto no se sostiene», afirmaba Ana en Espejo Público. Y añade unas palabras que difícilmente dejan indiferente a quien las escucha «Mi hermano estaba hecho para algo mucho más grande que este mundo. Su misión está en cuidarnos desde ahí arriba».

No habla desde la distancia ni desde una reflexión teórica sobre la muerte. Habla una hermana que acaba de perder a su hermano, que tiene que esperar para recuperar su cuerpo y que, en medio de un dolor que apenas podemos imaginar, encuentra en la fe la fuerza para sostenerse.

En su entrevista en Al Rojo Vivo, Ana también agradecía el trabajo de los profesionales que atendían a las víctimas. Aquel día era, además, su cumpleaños. Y cuando le preguntaron por las responsabilidades políticas, respondió: «No me compete hablar de eso, ni me hace bien, no es sano. Yo tengo mi cabeza en otra cosa». Su cabeza y su corazón estaban en David.

Además, Ana también agradeció la compañía y el amor recibidos en la Casa del Buen Pastor de Toledo, la casa que ha puesto el arzobispado de Toledo para todos los familiares de las víctimas, donde se ha ofrecido apoyo psicológico, humano y espiritual.

 

 

 

 

 

 

El segundo testimonio es el de Carlos Ortiz, director del Área de Colegios CEU y del Colegio CEU San Pablo Sanchinarro, también fallecido en el accidente cuando viajaba a Sevilla por motivos laborales.

Hace unos meses, Carlos había pronunciado una conferencia ante jóvenes del grupo Semper, en Madrid. Sus palabras, grabadas entonces, han adquirido ahora una dimensión estremecedora. «No tengáis miedo a todo lo que os viene», les decía. «No tengáis miedo a nada porque sois de Cristo». Y continuaba: «Con Cristo no hay miedo ni a morir».

Carlos explicaba que «la muerte es parte de la vida» y que «cuando uno de verdad está enamorado de Dios no puede tener miedo a la muerte». También animaba a los jóvenes a recordar cada día las palabras «No tengáis miedo», que, según señalaba, aparecen 365 veces en la Biblia.

El obispo José Ignacio Munilla compartió el vídeo y escribió: «Necesitamos escucharlo 365 veces: ¡No tengáis miedo!».

Es imposible escuchar ahora a Carlos sin estremecerse. Él hablaba de la muerte y de la confianza en Dios sin saber que su propia vida terminaría en una tragedia ferroviaria. Sus palabras se han convertido, involuntariamente, en un mensaje que permanece entre quienes le escucharon y quienes hoy descubren su testimonio.

Ana y Carlos. Una hermana que llora a su hermano y un hombre que animaba a los jóvenes a no tener miedo. Dos historias distintas, unidas por una misma fe. No eliminan el dolor, no explican por qué suceden estas tragedias ni hacen menos terrible la ausencia de quienes se han ido.

Pero nos recuerdan algo esencial para los cristianos: que la muerte no tiene la última palabra. Que el amor no termina con la vida y que, incluso cuando parece que todo se derrumba, la fe puede sostenernos.

Quizá por eso estos testimonios están llegando tan hondo. Porque, frente a una tragedia que nos deja sin palabras, Ana y Carlos han hablado de lo único que puede dar sentido a la esperanza: Cristo.