Tribunas
26/10/2026
“Venite ad me” y el espaldarazo vaticano a las Cofradías
José Francisco Serrano Oceja
Hermandad del Rocío de Badajoz.

El Dicasterio para la Doctrina de la fe acaba de publicar un documento sobre una cuestión no menor, la transmisión de la fe. Se titula “Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época”.
He hecho una primera lectura de un texto que parece tiene la pretensión de ser un documento puente entre los pontificados, en este momento en el que sigue configurándose el actual.
Me ha alegrado la recuperación eclesial de aquella primera encíclica a cuatro manos, las de Benedicto XVI y las del primer Francisco, “Lumen fidei”.
Es éste un documento de cierta extensión, con una peculiaridad confesada en el texto acerca de su naturaleza de “Consideraciones”, en dónde cabe mucho y no sé si de todo.
Que sean unas Consideraciones apunta a que también hubiera podido haber otras.
Por lo tanto, lo que debemos analizar son las que se proponen y no las que hubieran podido proponerse y no se proponen.
Da la impresión de que la insistencia sobre esta naturaleza del texto rebaja el tono de lo propuesto. Dice el texto en su número 8:
“Una última puntualización se refiere al género del documento, que es el de las Consideraciones y no el de una Nota doctrinal. De hecho, su finalidad es principalmente la de estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral en torno a la transmisión de la fe. Por ello, en el texto se examinan una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos. Esto significa que estas Consideraciones no se caracterizan, como otros textos del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, por la precisión del lenguaje y el carácter sistemático del tratamiento, sino que admiten un estilo más discursivo, como se aprecia sobre todo en la sección, ya citada, dedicada a los testimonios”.
¿Estamos ante un nuevo género textual de un Dicasterio romano, del Dicasterio de la fe? Si no se caracteriza por la precisión del lenguaje y del carácter sistemático del tratamiento, este nuevo género textual, ¿por qué se caracteriza? ¿Hablamos de un régimen de opinión, doxa o episteme, que dirían los clásicos? ¿De verdad una cuestión tan relevante no demandaría un documento doctrinal? ¿Se está en un proceso de introducir la doctrina en un régimen de opinión, por un Dicasterio cuya naturaleza es precisamente profundizar y asentar la doctrina?
En esta línea, no voy a destacar las carencias, desde el punto de vista del diálogo con la cultura, incluso de la digital. Cuestiones como las causas de la secularización, los modelos, también la secularización interna de la Iglesia, o el pluralismo de cosmovisiones, axiológico, como efecto de la secularización, podrían ser algunos. También el de progreso como ideología dominante y sus efectos. O la naturaleza de los procesos comunicativos como cultura.
Me voy a fijar en un aspecto de lo novedoso de lo que dice.
Al margen de las continuas referencias a las Conferencias Episcopales, de textos unas veces públicos por publicados, y otras veces inéditos, por no publicados, dentro del capítulo VII, dedicado a “algunas atenciones específicas”, se encuentra el punto 113, que dice:
“En este contexto, es útil recordar el poder de atracción que ejercen entre las nuevas generaciones las peregrinaciones de antigua y reciente creación, así como el deseo de pertenecer a alguna cofradía, como está ocurriendo recientemente en España [119]. Para muchos jóvenes, sobre todo en los contextos occidentales, la búsqueda de un sentido en un mundo cada vez más encerrado en sí mismo y la búsqueda de una pertenencia religiosa capaz de dar alguna configuración a su propia necesidad de identidad, en un mundo cada vez más individualizado, representan necesidades muy importantes, que encuentran su respuesta precisamente en la participación en las peregrinaciones y en el deseo de formar parte de una cofradía. En el contexto del tema principal de las presentes Consideraciones, resulta urgente preguntarse cómo “aprovechar” al máximo estas preguntas y estas necesidades de nuestros contemporáneos más jóvenes para convertirlas en un canal a través del cual la luz de Cristo pueda inundar sus existencias, a menudo atribuladas”.
Por cierto que la cita está referida a un reportaje publicado en Alfa y Omega, en 2016, y firmado por el hoy director de Ecclesia, Fran Otero.
Este reconocimiento del mundo cofrade por un documento vaticano es un espaldarazo a esa realidad que está permeando el catolicismo español, y me temo que no sólo el español.
Un mundo que fue denostado por ciertas eclesiologías posteriores al Vaticano II, que estuvo a punto de desaparecer, o desapareció de hecho, en no pocos lugares de España, y que ahora reverdece quizá más por tendencia sociológica que por aliento eclesial.
Hablar del mundo de las cofradías es siempre complejo por su diversidad. Cuando se refiere al concepto, no sé si muy afortunado de “aprovechar”, ¿lo está haciendo también del ritualismo, de la estética, de “las puntillas”, de la no poca ampulosidad que acompaña a los Pasos en la Semana Santa, en las estaciones penitenciales, en las fiestas?
No me refiero a la mentalidad de “capillita”, que existe y se manifiesta. Sino al valor de una expresión pública de la fe, centrada en una propuesta estética.
Por cierto que si hay un muro de contención en Andalucía ante la expansión del Islam, también de carácter cultural, es el universo de las cofradías.
El universo de las cofradías, que tiene también una dimensión económica relevante, debe ser acompañado y purificado, como cualquier realidad humana. Pero que conste su fecundidad. Habría que analizar la relación entre el incremento de vocaciones en los Seminarios andaluces y ese fascinante universo cofrade.
José Francisco Serrano Oceja