Vaticano
La doctora María Rodríguez Pérez, coordinadora del Área de Cáncer de Pulmón del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, explica a Religión Confidencial los cuidados que requiere la extirpación de un lóbulo pulmonar y las incógnitas sobre el desplazamiento de León XIV a Argentina, Perú y Uruguay.
16/10/26 | Javier Arias
- El cansancio durante el primer mes y la recuperación de la actividad habitual
- Caminar, hacer fisioterapia respiratoria y controlar el dolor
- Mantener la actividad física y fisioterapia respiratoria
- Los cuidados de los próximos días tras la extirpación del lóbulo pulmonar
- El análisis definitivo determinará si necesita más tratamiento
- Un viaje a gran altitud cuya viabilidad todavía es difícil de valorar
La doctora María Rodríguez Pérez.
León XIV continúa recuperándose en el hospital Gemelli de Roma tras la operación a la que se sometió el martes 13 de octubre para extirparle el lóbulo inferior del pulmón derecho. El último parte médico, publicado este jueves, confirma que la recuperación postoperatoria evoluciona con normalidad y que la radiografía de tórax muestra una buena recuperación del pulmón intervenido. El Pontífice realiza fisioterapia y ha retomado sus actividades cotidianas de manera autónoma.
La doctora María Rodríguez Pérez, coordinadora del Área de Cáncer de Pulmón del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra y directora del Servicio de Cirugía Torácica, explica a Religión Confidencial que resulta difícil pronunciarse sobre la viabilidad de ese viaje sin conocer los detalles clínicos del paciente. «Hay muy poca evidencia sobre la posibilidad de volar después de una cirugía de pulmón», advierte.
La especialista señala que, en su hospital, la recomendación habitual es «que pasen 15 días sin subir a un avión», aunque precisa que el plazo depende de la evolución del paciente. «Va a depender de la recuperación, de la aparición o no de complicaciones, de si necesita algún tratamiento posterior. Es muy difícil responder con la información que tenemos hoy en día», afirma.
El cansancio durante el primer mes y la recuperación de la actividad habitual
La extirpación de un lóbulo pulmonar no implica necesariamente una pérdida importante de capacidad funcional. Antes de la intervención, explica Rodríguez Pérez, los equipos médicos realizan una evaluación para estimar los riesgos postoperatorios como la calidad de vida que tendrá el paciente después de la cirugía.
«Cuando se toma la decisión de extirpar un lóbulo del pulmón, se lleva a cabo una evaluación funcional preoperatoria para estimar los riesgos postoperatorios y la calidad de vida que va a tener el paciente después de la cirugía», detalla.
La finalidad es que la operación tenga la menor repercusión posible sobre la vida cotidiana. «Generalmente, si se extirpa el lóbulo del pulmón es porque se espera que el impacto en el paciente sea mínimo», sostiene.
No obstante, durante las primeras semanas pueden aparecer algunas limitaciones. «En el primer mes, el paciente puede encontrarse más cansado o sufrir más fatiga al subir cuestas o realizar algunos ejercicios», explica la cirujana torácica.
En cualquier caso, insiste en que las técnicas y los criterios quirúrgicos actuales buscan reducir las consecuencias funcionales de la intervención. «Hoy en día se procura que la repercusión funcional sobre el paciente sea mínima», subraya.
Caminar, hacer fisioterapia respiratoria y controlar el dolor
La recuperación tras la operación requiere una reincorporación progresiva a la actividad habitual, siempre adaptada a las circunstancias de cada paciente. La doctora aclara que las indicaciones concretas varían según el equipo que haya realizado la intervención, aunque comparte algunas recomendaciones generales.
«En nuestro caso, cuando los pacientes se van de alta les recomendamos que recuperen su vida habitual, si es posible y siempre guiado por el sentido común», señala.
Mantener la actividad física y fisioterapia respiratoria
Entre las medidas que considera más importantes está mantener la actividad física. «Es bueno que mantengan actividad aeróbica caminando por la mañana y por la tarde y que hagan fisioterapia respiratoria», explica. Esta última cobra especial relevancia en el contexto del diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar del Pontífice.
La especialista también pone el foco en el control del dolor, una cuestión que puede condicionar la recuperación incluso cuando se emplean técnicas quirúrgicas menos invasivas. «En nuestro hospital insistimos también en el control del dolor, porque la cirugía torácica es una cirugía que duele y aunque sea mínimamente invasiva», afirma.
La prevención de complicaciones constituye otra de las prioridades. La doctora destaca que retomar la actividad y realizar los ejercicios respiratorios recomendados ayuda a evitar problemas durante la convalecencia. «Para evitar complicaciones como la infección respiratoria es importante retomar la vida activa y realizar fisioterapia respiratoria», recalca.
Los cuidados de los próximos días tras la extirpación del lóbulo pulmonar
Durante el postoperatorio inmediato, los profesionales sanitarios comprueban que el paciente evolucione adecuadamente y pueda recuperar progresivamente su autonomía. Aunque los protocolos dependen del equipo quirúrgico, Rodríguez Pérez describe varias medidas habituales después de una intervención de estas características.
«Lo habitual es dejar un drenaje de tórax, que se retirará una vez que el pulmón haya cicatrizado», explica. A ello se suman la movilización de secreciones y la recuperación de funciones básicas, como alimentarse y caminar.
La especialista detalla que se busca que el paciente «sea capaz de tolerar alimentos, que camine por la planta, que el dolor esté bien controlado con medicación oral» y que pueda avanzar hacia una reincorporación a su rutina.
El objetivo, añade, es que se adopten las medidas necesarias para «reincorporarse a su vida normal lo antes posible», sin perder de vista la prevención de complicaciones y las necesidades particulares de cada caso.
El análisis definitivo determinará si necesita más tratamiento
La intervención quirúrgica no cierra necesariamente el proceso terapéutico. En el caso de León XIV, los resultados de la anatomía patológica definitiva serán importantes para determinar los siguientes pasos, especialmente si se detecta afectación de los ganglios.
«En función de los resultados de la anatomía patológica definitiva, insistimos en un seguimiento trimestral durante los dos primeros años y semestral hasta cinco años después», explica Rodríguez Pérez sobre el protocolo de seguimiento que aplican en su hospital.
Si el análisis confirma que hay algún ganglio afectado, las recomendaciones pueden cambiar. «Si en la anatomía patológica hubiera algún ganglio afectado se recomienda un tratamiento sistémico con quimioterapia, inmunoterapia o tratamientos dirigidos», señala.
La doctora destaca, además, los avances en los tratamientos personalizados para el cáncer de pulmón. «De estos últimos, en el caso del cáncer de pulmón hay muchos fármacos nuevos que permiten un tratamiento personalizado para cada paciente», afirma.
Por el momento, no es posible anticipar qué tratamiento podría necesitar el Papa. La decisión dependerá de los resultados de los análisis y de la valoración de su equipo médico, por lo que tampoco se puede establecer todavía con certeza cómo influirán estos factores en su recuperación y en sus próximos compromisos.
Un viaje a gran altitud cuya viabilidad todavía es difícil de valorar
La gira prevista por Argentina, Perú y Uruguay añade una dificultad a la recuperación del Pontífice: además de los vuelos, el programa incluye desplazamientos y actividades en ciudades situadas a gran altitud, algunas por encima de los 3.000 metros.
Consultada por Religión Confidencial sobre si sería factible realizar el viaje poco más de tres semanas después de la intervención, Rodríguez Pérez evita dar una respuesta concluyente. «Sin conocer los detalles de su condición física previa y de la cirugía, es difícil responder», señala.