Vaticano

 

Cardenal Fernández en Comillas: “La IA no puede llevarnos a otro nivel de existencia; para eso está la Gracia de Dios”

 

Un salón de actos lleno recibió este miércoles en la Universidad Pontificia Comillas al cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y máximo responsable de los asuntos doctrinales de la Santa Sede. Fernández acudió a Madrid para explicar las claves de la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

 

 

 

01/10/26 | Marta Santín


 

 

 

  1. La aportación de la Iglesia en las cuestiones actuales
  2. “La humanidad magnífica” frente al transhumanismo
  3. “No importa que sea gay o discapacitado”
  4. Los “mártires de lo cotidiano”
  5. La IA no puede sustituir la experiencia humana
  6. El ser humano prospera gracias a sus límites
  7. El poder de la IA y la normalización de la guerra
  8. “Custodiar es proteger lo valioso”
  9. Magnifica Humanitas no es solamente una encíclica sobre IA

 

 

 


El cardenal Victor Manuel Fernández
en la Universidad de Comillas de Madrid.

Foto: Juan Manuel Daganzo.

 

 

 

La conferencia, titulada Las lecciones de la carta encíclica Magnifica Humanitas. Una IA centrada en las personas, tuvo un marcado carácter social y antropológico. Más que detenerse en cuestiones estrictamente doctrinales, Fernández quiso explicar qué visión del ser humano propone el Papa ante el desarrollo tecnológico y qué puede aportar la Iglesia al debate sobre la inteligencia artificial.

 

La aportación de la Iglesia en las cuestiones actuales

“La Iglesia cumple su misión cuando puede aportar luz a los problemas de cada época”, dijo final de la conferencia, durante el coloquio con Andrés Allamand, secretario general iberoamericano de la Segib, resumiendo así una de las razones que, a su juicio, justifican que la Iglesia entre en este debate.

Y algunas de las reflexiones más trascendentes de Fernández tuvieron precisamente ese tono. Aunque hablaba como prefecto de Doctrina de la Fe y explicaba una encíclica papal, por momentos se acercó más a la figura del pastor preocupado por el destino del hombre que a la del responsable de un dicasterio vaticano.

 

“La humanidad magnífica” frente al transhumanismo

El punto de partida fue el propio título de la encíclica. Fernández explicó que León XIV invita a contemplar a la humanidad como “magnífica” a pesar de su “terrible capacidad de maldad” en muchas situaciones y de las numerosas formas de crueldad que ha demostrado a lo largo de la historia.

La cuestión adquiere especial importancia, señaló, ante las corrientes posthumanistas y transhumanistas. Mientras el posthumanismo plantea la posibilidad de sustituir la humanidad y el transhumanismo aspira a una humanidad superior capaz de superar cualquier límite, el cardenal advirtió de que esa promesa de perfección deja siempre un vacío.

La encíclica, en cambio, parte de una consideración diferente: el ser humano puede ser magnífico precisamente sin dejar de ser humano.

 

“No importa que sea gay o discapacitado”

Fernández recordó algunos de los ejemplos históricos que León XIV utiliza para mostrar esa capacidad. Citó instituciones como la Cruz Roja o Naciones Unidas y figuras como Martin Luther King y Nelson Mandela. También mencionó el Guernica de Picasso como una expresión artística de la denuncia de la violencia.

Todos ellos, explicó, muestran que la humanidad es capaz de reconocer la dignidad del otro y de promover especialmente a quienes son más débiles. “No importa que sea gay o discapacitado”, afirmó el cardenal, antes de insistir en una de las ideas centrales de su intervención: “La dignidad no se puede quitar al último ser humano de la Tierra”.

 

Los “mártires de lo cotidiano”

Fernández quiso ampliar la mirada histórica de la encíclica con ejemplos que no aparecen formulados de ese modo en el texto de León XIV: como la lucha contra la esclavitud y la figura de Gandhi; la caída del Muro de Berlín; el acuerdo de Belfast de 1998, que puso fin a buena parte de la violencia de décadas en Irlanda del Norte; la abolición de la pena de muerte en distintos países o el ataque de Hamás del 7 de octubre y de la posterior respuesta militar israelí en Gaza.

Uno de los momentos más vivos de la conferencia llegó cuando Fernández explicó otro concepto de Magnifica Humanitas: los “mártires de lo cotidiano”.

No se refería a grandes personajes históricos, sino a personas anónimas que cuidan a sus hijos con cariño, acompañan a personas con discapacidad, atienden a enfermos, ayudan a quienes pasan hambre o trabajan como voluntarios.

“¿Por qué no les damos un fuerte aplauso a todos ellos?”, preguntó. El público respondió con un aplauso.

“Esta es la magnífica humanitas” porque “la chispa de la humanidad buena no se resiste a desaparecer” porque detrás de ella está "Dios", dijo.

 

La IA no puede sustituir la experiencia humana

La inteligencia artificial, insistió, puede prestar una gran ayuda a la humanidad. Citó especialmente los avances médicos y otros desarrollos que todavía se vislumbran.

Pero la clave está en avanzar hacia una “complementación” entre la tecnología y la persona, sin negar el valor de lo humano previo a cualquier innovación.

La IA puede crear una canción, una pintura o un guion cinematográfico, explicó, pero no puede reemplazar el sentido que esas obras adquieren a partir de una experiencia humana concreta.

 

El ser humano prospera gracias a sus límites

Por eso, Fernández contrapuso la visión cristiana a la “mística” del transhumanismo que pretende superar todos los límites.

La encíclica, explicó, plantea precisamente lo contrario: el ser humano prospera a pesar de sus límites y, en ocasiones, gracias a ellos. “Por eso nace la compasión”, afirmó.

Y llegó a una de las reflexiones más llamativas de su intervención:“Para suprimir el dolor por completo habría que suprimir el amor”, porque quien ama está necesariamente expuesto al sufrimiento.

La respuesta cristiana a la aspiración de trascender no es, por tanto, una tecnología capaz de superar todos los límites. “Si queremos trascender y alcanzar otro nivel de existencia”, explicó Fernández, existe algo que la tecnología no puede proporcionar: la gracia, que permite al ser humano convertirse en amigo de Dios y despierta “los mejores gestos de entrega y generosidad”.

 

El poder de la IA y la normalización de la guerra

El segundo gran bloque de la conferencia estuvo dedicado al poder. Fernández destacó que Magnifica Humanitas no es únicamente una reflexión sobre la inteligencia artificial: aborda también la guerra, la economía, las relaciones sociales y las nuevas formas de poder.

En este contexto, advirtió de que se está produciendo un proceso preocupante de “rehabilitación de la guerra como política internacional”. Se refirió a Gaza, Líbano y Ucrania y defendió la necesidad de superar una concepción de la guerra que termine justificando los llamados daños colaterales.

También habló de una “guerra verbal” que puede preparar el terreno para que los conflictos maduren y de la incoherencia convertida en estrategia.

El problema, señaló, es que quienes tienen menos poder son precisamente quienes sufren en mayor medida las consecuencias del desarrollo tecnológico y de los conflictos. Los más débiles pueden acabar convertidos en “materia de descarte”, barridos sin piedad por estructuras de poder que no controlan.

Por eso reclamó la existencia de“centinelas” capaces de vigilar los nuevos desarrollos de la sociedad y proteger a los últimos.

 

 

 


El cardenal Fernández en el coloquio coloquio
junto a Andrés Allamand, secretario general iberoamericano de la Segib.

Foto: Juan Manuel Daganzo.

 

 

 

“Custodiar es proteger lo valioso”

Durante el coloquio, Andrés Allamand sostuvo que puede existir “un antes y un después” de Magnifica Humanitas en el debate sobre la inteligencia artificial. Recordó que gobiernos, empresas y organismos internacionales están buscando fórmulas para regularla y preguntó a Fernández qué deben hacer los Estados para situar realmente a la persona en el centro.

El cardenal respondió que la Iglesia puede aportar su experiencia porque está presente en sociedades muy diferentes y mantiene contacto con realidades que le permiten detectar fenómenos emergentes. Recordó también la preocupación de Francisco por la dignidad humana y su desarrollo de la enseñanza de Juan Pablo II sobre las personas con discapacidad: a los ojos de Dios poseen una dignidad infinita porque son infinitamente amadas.

Fernández defendió así una regulación basada en derechos y responsabilidades que impida que las herramientas creadas por el ser humano terminen volviéndose contra sus propios creadores.

 

Magnifica Humanitas no es solamente una encíclica sobre IA

El prefecto de Doctrina de la Fe quiso, en definitiva, ampliar el foco. La inteligencia artificial atraviesa toda la encíclica, peroMagnifica Humanitas no es solamente una encíclica sobre IA. Su pregunta de fondo es qué ocurre con la persona humana cuando aumenta de manera extraordinaria el poder tecnológico.

Y ahí situó Fernández la respuesta cristiana: no se trata de rechazar el progreso, sino de impedir que el progreso termine haciendo olvidar aquello que ninguna tecnología puede fabricar ni sustituir: la dignidad de la persona y su capacidad de amar, compadecerse y entregarse a los demás.