Opinión

España busca talento… ¿alguno demasiado tarde?

 

José Iribas Sánchez de Boado
Director de Relaciones Institucionales de CampusHome
y Ex consejero de Educación de Navarra


Universidad Católica de Valencia.

 

 

 

 

 

 

En España hablamos mucho de captar talento. El problema es que solemos imaginarlo pensando en quienes ya tienen un buen currículum, un contrato y varios años de experiencia profesional. La OCDE acaba de recordarnos que una parte de esa batalla se libra bastante antes: cuando un joven decide en qué país quiere cursar sus estudios superiores. Los profesionales de arriba pueden ser los “consagrados”; los últimos, los estudiantes de educación superior, serían (en términos futbolísticos) las promesas de la cantera de Tajonar, que diría un osasunista, o de Lezama, uno del Athletic.

Education at a Glance 2026 nos deja unos datos que merecen nuestra atención. En España, el alumnado de movilidad internacional entrante en educación superior representa el 5% del total; la media de la OCDE es del 12% (y los españoles que estudian fuera suponen el 2%, frente al 6% de media). No hablo aquí de sumar sin más a todos los Erasmus de un semestre, sino del indicador con el que la OCDE mide la movilidad internacional en educación superior: los que estudian por ejemplo, un grado completo aquí, provenientes de otros países.

No estamos precisamente desarmados. Entre quienes vienen a España, la fronteriza Francia aporta el 11%, Colombia el 10% y Ecuador el 6%. Dos países iberoamericanos entre los tres primeros nos recuerdan una ventaja que a veces tratamos como si viniera incluida “de serie”: compartimos el idioma español y mantenemos vínculos culturales, personales y económicos que otros países tardarían décadas en construir.

Además, España figura entre los países no anglófonos con más de 1.000 programas de grado y máster anunciados en inglés, aunque -ojo- la OCDE advierte de un descenso moderado de esa oferta entre 2019 y 2024. Y nuestra normativa permite a quienes cursan estudios superiores y cumplen los requisitos correspondientes compatibilizarlos con el trabajo, con un máximo general de 30 horas semanales.

Tenemos, por lo tanto, algunas muy buenas cartas. La pregunta es si las estamos jugando bien como nación.

Porque un estudiante internacional no elige únicamente una universidad. Elige también un país. Mira la calidad académica, naturalmente, pero también cuánto le va a costar vivir, si podrá trabajar, cómo será su integración y qué oportunidades encontrará después de graduarse. La propia OCDE sitúa algunos de estos extremos entre los factores que pesan en esa decisión.

Por eso la internacionalización no puede quedar encerrada en los vicerrectorados. Es también un reto para las administraciones, empresas y ciudades universitarias. Lo sabemos bien en Pamplona (¡qué sería de Navarra sin estos estudios!). Y es un reto para todos porque de poco serviría captar a un buen estudiante si después le hacemos atravesar toda una carrera de obstáculos para integrarse, hacer prácticas, trabajar o desarrollar aquí su vida profesional.

No quiero que se confunda retener talento con retener personas a cualquier precio. Un colombiano o un ecuatoriano que estudia en España, vuelve a su país y durante décadas conserva relaciones profesionales, afectivas o empresariales con nosotros puede ofrecernos también un magnífico resultado. De hecho, suele ser un gran embajador para con la universidad y el lugar en los que se formó.

Quizás -de ahí el título de este artículo- a veces estemos saliendo a buscar demasiado tarde a profesionales que podríamos haber vinculado antes a España como estudiantes. Eso… por no hablar de la importancia de retener aquí nuestro propio talento español. Eso da para otro artículo.

En todo caso, y como conclusión: la competencia internacional por el talento también se libra en las aulas. Una matrícula puede ser mucho más que una matrícula. Aunque hay que empezar por ella. Es lo de Lezama  o Tajonar que mencionaba arriba. Talento en crecimiento a captar, cuidar y cultivar.