Tribunas
01/10/2026
¿Se mete el Papa en política?
José Francisco Serrano Oceja
Rueda de prensa con el Papa León XIV
en el vuelo de regreso de Francia.
(@Vatican Media)

El viaje del Papa a Francia necesita una larga digestión a partir de una lectura pausada, meditada, analizada con referencias cruzadas de otras intervenciones suyas.
Ya se ve que estos viajes del principio del pontificado están configurando un ministerio petrino que, sin duda, lo es de la continuidad.
Lo dicho en Francia por León XIV contiene tanta carga de profundidad y de interpelación a la conciencia cristiana que da no sé qué entrar a las polémicas circunstanciales o coyunturales.
León XIV ha diseñado en Francia las bases de lo que pudiéramos denominar el “humanismo cristiano”, con permiso del “humanismo integral” de J. Maritain.
Una de las polémicas menores sobre lo dicho ha sido la provocada por las preguntas al Papa de los colegas periodistas en el avión. A veces da la impresión de que lo que allí rige es la ley del “qué hay de lo mío”.
La rueda de prensa, más o menos improvisada, del Papa en el avión se hacía en otros tiempos al inicio del viaje. Para que no condicionara la visita se cambió al final, una especie de balance y de respuesta a las percepciones comunes sobre lo dicho y hecho en los días de destino.
No voy a entrar en la dinámica preparatoria del encuentro con los periodistas. Esperemos a que llegue y se asiente la nueva responsable de comunicación del Vaticano.
Lo que es evidente es que al ser los periodistas los que proponen la temática, las respuestas del Papa están lógicamente subordinadas a esa propuesta.
Habría que preguntarse si no estamos en una dinámica más propia de los líderes políticos que del sucesor de Pedro.
Líderes que, por exigencia de los medios, y de la política, deben estar volcados en la actualidad y están obligados a tener una respuesta adecuada para todas las preguntas, por eso de que así se acreditan también ante sus electores y ante la sociedad.
En la ocasión que nos ocupa, la pregunta sobre si las intervenciones del Papa acerca de la vida, de los cuidados, no son una forma de hacer política, en un país laico que tiene el hábito de marcar distancia, parecía pertinente.
Fue una oportunidad, que el Papa aprovechó, para explicar que cuando la Iglesia habla de lo humano lo hace desde el Evangelio de la vida. Es la sabiduría de un humanismo que se acredita en su propia existencia, que se despliega cuando la Iglesia ofrece su aportación a la conversación pública.
En este caso, el problema no está en la Iglesia y su legitimidad de intervenir en las cuestiones que afectan a la sociedad, sino en la tendencia del Estado a patrimonializar el discurso sobre lo social que afecta a la vida de los ciudadanos.
Otra cuestión es preguntarle al Papa sobre el caso Maricarmen, dando por supuesto que el Papa sabe de qué se le está preguntando. Con lo que cabe el riesgo de que no sepa de lo que se le pregunta y quede en evidencia por lo que no tiene por qué saber.
A no ser que lo que se busque sea aprovechar al Papa para que lo que es una cuestión doméstica se amplifique, por la respuesta, a todo el mundo.
Este sería el caso de una exigencia implícita al Papa para que actúe como un político, con las formas y los modos de los políticos.
En este caso que nos ocupa, León XIV lo dejó claro y lo que dijo lo encuadró en la vida de la Iglesia, sin entrar en más florituras.
Es posible que con esta dinámica de las ruedas de prensa improvisadas en los vuelos papales, o con aquellas declaraciones robadas “espontáneamente” a la salida de Castel Gandolfo, el Papa haya vuelto y vuelva a los titulares de los grandes medios, porque de otra forma cada vez sea más difícil.
Pero el coste de esa dinámica es demasiado elevado para quien tiene una palabra que es la más exigente de cuantas se pronuncia.
No sólo porque es eco del Evangelio sino porque en el ejercicio de la palabra pública, y de la privada, se juega el ministerio de confirmar a sus hermanos en la fe y preservar la unidad de la Iglesia.
José Francisco Serrano Oceja