Opinión
26/09/2026
La Magnifica humanitas y la teología de la comunión
Ramiro Pellitero
Profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra
El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas,
15 de mayo de 2026.

Habría que preguntarse cuál es realmente la propuesta de León XIV.
Una forma de ver lo que está pasando en la cultura occidental es enfocar nuestra situación como una lucha entre la ilustración típica de la modernidad y la contrailustración nietzscheana de la filosofía de la sospecha (Marx, Nietzsche y Freud, según P. Ricoeur).
En su obra de 1965, Freud: una interpretación de la cultura (ed. siglo XXI, México 1970) y en el conjunto de su pensamiento, Ricoeur no rechaza la hermenéutica de la sospecha con lo que esta conlleva de actitud hipercrítica y desmitificadora, sino que propone completarla con una hermenéutica del sentido, de la esperanza y de la escucha. Plantea la necesidad de investigar el inconsciente, la historia y el lenguaje por medio de una “filosofía del rodeo”; es decir, con un largo recorrido por las obras, signos e interpretaciones humanas. Todo ello permite evitar el relativismo y el nihilismo, avanzar en la comprensión real y no abstracta de lo humano, y mejorar en orden a la acción.
Ante la alternativa entre Ilustración y posmodernidad nietzscheana, alguien podría pensar que León XIV en Magnifica humanitas defiende la posición ilustrada y moderna, tomando de ella los conceptos de dignidad humana, derechos humanos, libertad, etc. En ese caso –para quien defiende esa opinión–, lo adecuado sería más bien volver a lo premoderno, sobre todo al pensamiento de Aristóteles, donde se valoran justamente la razón, la virtud, etc.
Habría que preguntarse cuál es realmente la propuesta de León XIV y si consiste en confiar sin más en la Ilustración.
Otro modo de ver, opuesto al anterior, es considerar la Magnifica humanitas como una llamada de atención ante un mundo manipulado por el poder. Y con esto la encíclica se situaría en la línea de la sospecha antiilustrada.
Pero la actitud que propone la encíclica no es ni una confianza absoluta en la modernidad ilustrada, ni una desconfianza total ante ella. Por otra parte, no es una propuesta meramente filosófica, hermenéutica, económica o política, aunque en el texto se encuentren referencias a estas y otras dimensiones de la persona.
La propuesta de Magnifica humanitas (*) es fundamentalmente teológicopastoral. Esto significa que está centrada en el anuncio de la fe y, por tanto, en Cristo. Y se concreta en la invitación a redescubrir, defender y profundizar lo auténticamente humano en el tiempo de la IA, con el apoyo de lo mejor de la razón humana (ampliada, según Ratzinger), en diálogo con las culturas y con las ciencias, y sobre todo a la luz de Cristo (cf. la introducción y la conclusión de la encíclica).
Los caminos filosóficos y hermenéuticos, psicológicos, económicos y políticos quedan aquí abiertos en la medida en que sean compatibles con la dignidad humana, el bien común y la fe cristiana.
En todo caso, el camino cristiano no es individualista; se recorre en una familia que se ofrece como semilla de fraternidad universal. Por ello, la propuesta de Magnifica humanitas se inscribe, en efecto y a través de la Doctrina social, en una “teología de la comunión” (n. 27). Se trata del trasfondo del Concilio Vaticano II, que considera a la Iglesia como “sacramento universal de salvación”; es decir, como signo e instrumento al servicio de la comunión con Dios y entre los hombres. El centro de esta teología es la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia, y por tanto de los cristianos (**).
Ramiro Pellitero
Profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra
* Ya que nos hemos referido a Paul Ricoeur, cabe observar que en la encíclica hay aspectos que pueden ponerse en relación con el pensamiento de este filósofo protestante. En el documento de la Comisión teológica internacional, “Quo vadis humanitas?”: pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad (2026), se cita a Paul Ricoeur a propósito de la historia, de la intersubjetividad y de la identidad narrativa, como tres dimensiones de la persona (cf. respectivamente las notas 69, 85 y 124 del documento).
** Cf. a este propósito el artículo de Rafael Domingo, “La doctrina social como teología de la comunión”, publicado en Omnes, 4-VI-2026.