Tribunas

Vuelve el magisterio doctrinal del Papa

 

 

José Francisco Serrano Oceja


El Papa León XIV durante la audiencia del miércoles.
Foto: Vatican media

 

 

 

 

No sería justo con la realidad si dijera que en el pontificado del Papa Francisco no se hubiera desarrollado un magisterio de carácter doctrinal sobre muy diversos temas.

Es más, sí que lo hubo, y de forma significativa en algunas de las cuestiones que, por cierto, no fueron, al menos en su recepción, pacíficas.

Pero ni mucho menos el Papa Francisco traspasó determinadas líneas de esas que nosotros calificamos de “revolucionarias”. Abría procesos y ahí los dejaba…

No hace falta que ponga ejemplos en lo referido al matrimonio, la familia, las bendiciones de personas del mismo sexo, etc.

A lo que me refiero ahora es a una percepción de que en el tiempo del ejercicio del magisterio doctrinal ordinario del Papa León que llevamos, éste discurre por otros cauces.

Vendría a ser como una renovación de los canales por los que circula el contenido de la propuesta doctrinal, lo que implica una consideración misma de la propuesta doctrinal en diálogo con el mundo vida del cristiano hoy, con las grandes ideas que le interpelan y que tienen consecuencias en la práctica personal y social.

De momento el Papa León no ha abierto, ni podíamos decir, cerrado, ninguna cuestión doctrinal precedente, de esas que crearon no poca polémica.

Su estilo es otro. Va sembrando un clima, una forma de ejercer la función magisterial del primado con textos que sí tienen algunas características diferenciadoras.

La primera de ellas es la de remarcar la línea de continuidad con los pontificados anteriores, recuperando lo dicho, por supuesto, por el Papa Francisco, pero con abundantes citas de Benedicto VI, san Juan Pablo II, san Palo VI, incluso de pontífices anteriores. El más destacado, León XIII.

Hay menos de la persona, del pensamiento propio de Francis R. Prevost, y más del Papa, si se puede hacer esta disección.

Supongo que no soy el único que, ante una intervención de peso del Papa, a la hora de leer el texto, empiezo por fijarme en las citas, de qué documentos y de qué autoría. Sin duda san Agustín juega un papel relevante.

Esto no lo hago en detrimento del progreso doctrinal que representan en sí mismo las nuevas propuestas.

El hecho de desarrollar las magníficas catequesis del Papa sobre el Concilio Vaticano II es también muy significativo a este respecto.

Poco a poco, como parece que le gusta al Papa León, se va conformando un estilo de este pontificado que, sin duda, está alejado de los grandes titulares, por ejemplo, en la proliferación de entrevistas a medios no solo de cabecera.

Esto obliga también a quienes seguimos de cerca el magisterio del Papa a leer detenidamente todos sus discursos. Cuando menos te lo esperas, salta la liebre. Pero sin infartos metafóricos.

Una lectura con lupa, agradable, porque incluso me atrevería decir que se ha mejorado bastante en el estilo literario, en la preceptiva estilística.

 

 

José Francisco Serrano Oceja