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Sensibilidad y teología en la obra poética de monseñor César Franco

 

La sensibilidad de monseñor César Franco, que fuera obispo auxiliar de Madrid y luego de Segovia, no sólo está presente en su obra poética

 

 

 

José Francisco Serrano Oceja | 14/09/26


 

 

 

La sensibilidad de monseñor César Franco, que fuera obispo auxiliar de Madrid y luego de Segovia, no sólo está presente en su obra poética.

 

 

 

  1. La sensibilidad de monseñor César Franco
  2. Teología poética
  3. Poema dedicado al difunto José Antonio Álvarez

 

 

 


Monseñor César Franco, obispo emérito de Segovia.

 

 

 

No me prodigo en esta propuesta de libros de inicio de semana con títulos de poesía. Un género que frecuento en pequeñas dosis y que procuro sean siempre selectas, en la mayoría de las ocasiones por recomendación. Si no mal recuerdo, además de algún clásico, como Fray Luis, mi último poemario leído fue de Miguel de Santiago.

En el caso que nos ocupa, no he resistido la tentación de abrir las páginas de un autor que siempre se ha caracterizado por una especial sensibilidad creativa.

 

La sensibilidad de monseñor César Franco

Doy fe de que ese don que los cielos le han concedido lo ha puesto siempre al servicio de los demás. La sensibilidad de monseñor César Franco, que fuera obispo auxiliar de Madrid y luego de Segovia, no sólo está presente en su obra poética. Desde sus cuadros hasta sus homilías rezuman estética. Una belleza de forma que se corresponde con la profundidad de contenido.

Ocurre de forma particular con este poemario de mucho trasfondo teológico. Monseñor César Franco, que recibió no hace mucho el premio mundial de poesía Fernando Rielo, en esta ocasión se atreve con la intimidad del Verbo de Dios, con la vida interior en el misterio de Cristo.

 

Teología poética

Adentrarse en la preexistencia del Verbo como unigénito del Padre, en la dinámica carnal de la encarnación y en la exaltación gloriosa en la resurrección, significa hacer trascender el lenguaje y el pensamiento, ofrecer al lector la música de la intimidad de Dios en la historia.

Dado que uno de los núcleos centrales de esta obra poética es la Gloria, por aquí resuena la mejor teología de los Padres de la Iglesia, con una influencia nada desdeñable de la contemporánea, de las cristologías, en particular la de Hans Urs von Balthasar.

Otro de los núcleos principales de la poesía de quien además ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la Sagrada Escritura, desde los presupuestos de la denominada Escuela de Madrid, de don Mariano Herranz, es la certera radiografía que hace del alma humana.

Del alma y de la carne, de esa dimensión asumida por el verbo, redimida en la cruz:

 

“Toma aliento en la cruz, eleva el pecho
al cielo que se niega a protegerte,
y dinos con tu grito que, aun maltrecho,
nadie tiene poder para vencerte”.

 

Los sufrimientos, las desesperanzas, el dolor, el mal, lo incomprensible, los anhelos, los deseos no satisfechos, forman parte del clamor de fondo de un libro que invita permanentemente a la oración, al silencio, al ejercicio de una interioridad, de influencia agustiniana.

 

“El día que nací fijaste el irme,
y paso a paso de mi andar cansino
te adentraste en mi senda de peregrino
con el aliento de tu verbo firme.”

 

Es evidente que toda obra artística es, de una forma u otra, biográfica e histórica. El poeta no se desarraiga de su circunstancia, de su mundo, de sus historias, que son el tejido de las relaciones venidas y sobrevenidas.

 

Poema dedicado al difunto José Antonio Álvarez

Por eso me ha estremecido el poema dedicado a quien fuera obispo auxiliar de Madrid, José Antonio Álvarez, que en su día fue secretario personal de monseñor César Franco. 

Merece la pena que trascriba aquí los vernos dedicados a su amigo y hermano:

 

In memoriam

 

Ay, amigo, me quedo ya sin verte.
Tan sólo yo quería estar contigo, 
hablarte del ayer y del abrigo
de la amistad nacida en buena suerte.

¡La tuve yo! Mas hoy la altiva muerte
me ha dejado en la calle -yo conmigo-,
sin apenas el tiempo que mendigo
para nuestro vivir agradecerte.

Tú conoces la fe que me sostiene
y el dolor que me causa tu partida
en el silencio donde Dios se mueve.

Acuérdate de mí, que Dios te tiene
y sabe bien que el hombre es una herida
abierta en el amor que nos conmueve.

 

Aquí la belleza de Dios, del Cristo que nos besa, se hace carne, se hace verso, se hace palabra, poesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

César Augusto Franco Martínez,
La Gloria que te habita (Tríptico).
Ediciones Cristiandad.