Tribunas
14/09/2026
Monseñor Martínez Camino arrasa en Asturias
José Francisco Serrano Oceja
El obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino.
Foto: Facebook de la parroquia de San Lesmes.

Me echa en cara un amigo asturiano que no hayamos publicado nada de lo que monseñor Juan Antonio Martíenz Camino ha hecho este verano por Asturias, su tierra natal.
Por si se me hubiera pasado algo importante, he preguntado qué es lo que el obispo auxiliar de Madrid, que no de Asturias, aunque don Jesús bien pudiera tener un obispo auxiliar, ha hecho este verano en mi querida comunidad vecina.
Pronunció don Juan Antonio el 21 de agosto, en Gijón, una conferencia pública, con un auditorio abarrotado con numerosa presencia del clero de esa querida ciudad, titulada “El martirio del siglo XX: sinrazón histórica y razón teológica”.
Posteriormente tuvo el Curso en Covadonga, del que por este medio ya informó, y que podremos leer, espero que pasado no mucho tiempo, en la publicación de las Actas.
En su conferencia, monseñor Martínez Camino ofreció, al principio, los datos actualizados de la persecución religiosa la España del siglo XX.
He aquí lo que dijo:
“La persecución contra la Iglesia tuvo lugar en España de 1931 a 1939. Comenzó siendo legal, con la Constitución de 1931 y con las leyes que la desarrollaron los dos años siguientes. Y terminó siendo sangrienta, en dos fases: en la revolución de octubre de 1934 y, sobre todo, durante la revolución desatada en la zona gubernamental en julio de 1936 con ocasión de la guerra civil, en particular, durante los seis primeros meses de la contienda. Son los dos momentos álgidos de un proceso revolucionario que pretendía convertir la que sus actores llamaban República burguesa en una República popular, es decir, en un régimen social-comunista, aplicando la teoría marxista de la dictadura del proletariado. Fue seguramente la persecución que causó el mayor número de mártires en toda la historia del cristianismo occidental.
Las cifras comúnmente aceptadas las daba Antonio Montero en su pionera investigación de 1961, referidas sólo a los eclesiásticos: Un total de 6.832 mártires; de los cuales 4.184 eran sacerdotes y seminaristas diocesanos, 2.365 religiosos y 283 religiosas. En realidad, según los estudios más precisos que han ido apareciendo desde entonces, el número de esos mártires fue algo mayor, unos 120 más. En los dos primeros volúmenes del “Martirologio matritense del siglo XX”, vienen 54 sacerdotes diocesanos y 4 religiosos más; en “El beato Ignacio Aláez Vaquero y compañeros de Madrid”, entre los 110 seminaristas mártires del siglo XX en España, aparecen 42 seminaristas que no trae Montero. El número de mártires eclesiásticos en toda España se acerca, pues, en este momento, a los 7.000; en concreto, 6.951: 12 obispos, 4.273 sacerdotes y seminaristas diocesanos, 2.370 religiosos y 296 religiosas. Fue asesinado el 17, 5 % de los en torno a 40.000 eclesiásticos varones que por entonces se contaban en España. Este porcentaje - referido a toda España - habría que multiplicarlo aproximadamente por dos, si consideramos sólo la mitad del país, la que sufrió la persecución. Entonces tendríamos que en la zona gubernamental fueron asesinados en torno al 36 % de los eclesiásticos varones.
A los eclesiásticos hay que sumar los mártires seglares, católicos pertenecientes a asociaciones de apostolado o simplemente conocidos como católicos, que fueron muertos también por odio a la fe. El número de estos es más difícil de precisar. Se habla de unos 3.000, pero también de decenas de miles. En realidad, no es posible todavía aventurar cifras globales exactas de seglares mártires.
La intensidad de la persecución sangrienta fue diversa, según lugares, por circunstancias en las que no podemos entrar aquí.
La diócesis que más eclesiásticos mártires tuvo en términos relativos fue la pequeña iglesia de Barbastro, que en 1936 contaba sólo 44.000 habitantes. Allí fueron asesinadas en la retaguardia 439 personas, de las cuales más de la mitad eran eclesiásticos: exactamente 224, con el obispo a la cabeza, el beato Florentino Asensio. De ellos, 114 eran sacerdotes diocesanos, lo que suponía el 82%, pues en la diócesis había 140 sacerdotes. En Barbastro fueron también mártires 107 religiosos y 3 religiosas, con dos comunidades casi al completo: los Benedictinos de El Pueyo y el Seminario claretiano, compuesto por cincuenta jóvenes estudiantes y sus formadores, cuyo martirio narra muy bien la película “Un Dios prohibido”. Entre los seglares mártires barbastrenses está el primer gitano que ha llegado a la gloria de los altares: el beato Ceferino Jiménez Malla, el Pelé.
Hubo tres diócesis donde fueron asesinados más de la mitad de los sacerdotes diocesanos: en Lérida, vecina a Barbastro, 270 de sus 410 sacerdotes, el 65,8 %; en Tortosa, 316 sobre 510, el 61,9 %; y en Segorbe 61 sobre 110, el 55, 4 %. En otras tres diócesis fueron mártires más del 40% de los sacerdotes: en Menorca, 39 sobre 80, el 48,7%; en Málaga, 115 sobre 240, el 47,9%; y en Toledo, 286 sobre 600, el 47,6 %.
Si Barbastro es la capital del martirio en términos relativos, Madrid lo es en términos absolutos. En la entonces diócesis de Madrid-Alcalá fueron asesinados 1.091 eclesiásticos: 430 sacerdotes y seminaristas diocesanos y 661 religiosos y religiosas. El clero diocesano perdió en Madrid el 32, 2 % de sus efectivos, es decir, 355 del total de los 1.100 sacerdotes que tenían oficio en Madrid. Una proporción que está por encima de la media de la zona gubernamental (que se sitúa en torno al 26%), pero que no llega ni a la mitad de la proporción de Barbastro”.
Por cierto, últimamente me llama la atención todo lo de Barbastro.
José Francisco Serrano Oceja