Diócesis
Mons. Antonio Prieto Lucena propone renovar la iniciación cristiana ante la secularización y plantea los Grupos Frassati como itinerario de fe para niños y jóvenes
02/09/26 | M. S.
El obispo de Alcalá de Henares, Mons. Antonio Prieto Lucena, ha publicado su nueva carta pastoral para el curso 2026-2027, titulada «“Si conocieras el don de Dios” (Jn 4,10). Una reflexión sobre la pastoral de la iniciación cristiana». A lo largo de cuatro capítulos, el prelado plantea un nuevo impulso para esta pastoral a partir de la visita del Papa León XIV a España, analiza la situación actual de la transmisión de la fe y propone los Grupos Frassati como una herramienta concreta para acompañar a niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes.
- La llamada misionera de León XIV
- La iniciación cristiana como fundamento
- Secularización y debilitamiento de la vida cristiana
- “Disolución de lo humano”
- Los Grupos Frassati, una propuesta para la diócesis
- Aplicar el envío misionero de León XIV
El Papa León XIV saluda al
obispo de Alcalá, Mons. Antonio Prieto Lucena.
Foto: Vatican Media.
La carta toma como hilo conductor el encuentro de Jesús con la samaritana. Para Mons. Prieto Lucena, este episodio evangélico permite comprender la misión de la Iglesia ante la “sed de Dios” que habita en el corazón del hombre y su encuentro con el “agua viva” de la gracia que Cristo comunica a través de la Iglesia y los sacramentos.
La llamada misionera de León XIV
El primer capítulo, titulado «Alzar la mirada con el Papa León XIV», recupera los principales mensajes que el Pontífice dirigió durante su visita apostólica a España el pasado mes de junio. El obispo de Alcalá destaca especialmente la llamada a la misión y relaciona el lema de la visita, «Alzad la mirada», con el relato de la samaritana.
Prieto Lucena recuerda que León XIV pidió a los jóvenes que no tuvieran miedo de abrazar su vocación y les dirigió un envío misionero: «Sed vosotros mismos chispa de una nueva humanidad» y «¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor!». También recoge su llamada a que la religiosidad española no se convierta en «un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy».
El obispo considera que este envío misionero debe concretarse durante el nuevo curso en la renovación de la iniciación cristiana. «Siguiendo el camino comenzado, os propongo renovar nuestra iniciación cristiana, para que pueda responder lo mejor posible a los desafíos que nos plantea el mundo de hoy», escribe.
La iniciación cristiana como fundamento
El segundo capítulo, «Llega una mujer de Samaría a sacar agua», se centra en el significado de la iniciación cristiana y en la historia del catecumenado. El prelado recuerda que no se trata de una actividad más entre las realizadas por la Iglesia, sino de «su primer deber», al responder al mandato misionero de Cristo. La define como la inserción del candidato «en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia, por medio de la fe y los sacramentos».
Prieto Lucena subraya que el objetivo es formar al “sujeto cristiano”, ya que los demás ámbitos de la vida eclesial —la familia, las vocaciones o la misión de los laicos— necesitan de un cristiano sólidamente formado. Por eso compara una iniciación cristiana descuidada con la construcción de una casa sobre arena.
El obispo repasa además la evolución histórica del catecumenado y explica sus distintas etapas: precatecumenado, catecumenado, elección o inscripción del nombre, celebración de los sacramentos de iniciación y mistagogia. Destaca que, en la actualidad, el catecumenado se ha convertido en paradigma de toda forma de iniciación cristiana, también para quienes recibieron el bautismo siendo niños.
Secularización y debilitamiento de la vida cristiana
El tercer capítulo, «No tienes cubo y el pozo es hondo», aborda las dificultades que encuentra hoy la iniciación cristiana. Entre ellas sitúa la secularización y el “enfriamiento religioso”, que, según la carta, han producido un debilitamiento general de la vida cristiana.
El obispo advierte de que muchos sacramentos de iniciación dejan de vivirse como verdaderos encuentros con Cristo y pasan a convertirse en «meros actos familiares y sociales». En este contexto, denuncia una mentalidad consumista que busca el sacramento con «la menor inversión de tiempo posible y con el mínimo compromiso».
La consecuencia es que la celebración sacramental puede convertirse en el punto final de una etapa. El propio documento recuerda la expresión del Papa Francisco, que llegó a referirse a la confirmación como el «sacramento del adiós». Frente a esta dinámica, Mons. Prieto Lucena defiende una catequesis entendida como un camino progresivo de crecimiento en la fe que se prolongue desde la infancia hasta la juventud y no termine con los sacramentos.
Portada de la carta pastoral de Mons. Antonio Prieto Lucena.
“Disolución de lo humano”
El capítulo aborda también la “disolución de lo humano” ante fenómenos culturales como el posthumanismo, el transhumanismo, el metaverso, la inteligencia artificial y la cultura de la cancelación. El obispo considera que la discusión contemporánea alcanza incluso la definición del hombre y afirma que la catequesis debe mostrar «cómo el misterio de Cristo sigue iluminando el misterio del hombre, impidiendo su disolución».
A ello suma dos dificultades teológicas: la reducción inmanentista y la ritualización de los sacramentos. Sobre esta última advierte que, cuando se subraya de tal modo la eficacia sacramental que se descuida la fe y la disposición del sujeto, los sacramentos pueden llegar a asimilarse a
«prácticas mágicas». Frente a ello, recuerda que «el bautismo no se puede reducir a un simple rito».
Los Grupos Frassati, una propuesta para la diócesis
El cuarto capítulo, «Señor, dame de esa agua, así no tendré más sed», presenta las propuestas concretas para dar un nuevo impulso a la iniciación cristiana en la diócesis.
La principal novedad son los Grupos parroquiales Frassati, surgidos, según explica el obispo, como respuesta a la petición de sacerdotes y catequistas de contar con un itinerario unitario desde la poscomunión hasta la mayoría de edad. El proyecto toma su nombre de San Pier Giorgio Frassati y utiliza la imagen de la montaña como símbolo de la vida espiritual: un camino de esfuerzo, oración, formación, prueba y servicio.
El proyecto se completa con lo que el obispo denomina una “alianza educativa”, en la que deben colaborar familias, colegios, parroquias, asociaciones y movimientos eclesiales. «Haced de vuestra casa una Iglesia», recuerda citando a San Juan Crisóstomo.
La carta considera también necesaria una renovación misionera de las parroquias para que no se limiten a mantener lo existente y asegurar la celebración de los sacramentos.
Finalmente, Mons. Prieto Lucena recuerda que la diócesis cuenta con un nuevo Directorio diocesano para la iniciación cristiana, que recoge normas y orientaciones sobre los sacramentos, el catecumenado, la preparación, los padrinos y la coordinación entre parroquias y escuelas católicas.
Aplicar el envío misionero de León XIV
En la conclusión, el obispo resume el propósito de su carta: aplicar el envío misionero de León XIV a la pastoral de la iniciación cristiana. La propuesta de los Grupos Frassati, precisa, no pretende sustituir lo que ya funciona, sino ofrecer una herramienta para quienes buscan impulsar esta pastoral y evitar que la primera comunión y la confirmación se conviertan en «los sacramentos del adiós».
Mons. Prieto Lucena termina pidiendo oraciones por este “nuevo impulso” y reconoce que «las dificultades están ahí y todos las conocemos muy bien», aunque invita a no desanimarse y a poner la confianza en Dios. Su deseo final es formar «buenos cristianos, fieles y alegres, que lleguen a ser los santos del siglo XXI».