Tribunas

El adiós, de momento, de José Gabriel Vera Beorlegui

 

 

José Francisco Serrano Oceja


José Gabriel Vera

 

 

 

 

Tenía pendiente escribir sobre el adiós del director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española, el sacerdote José Gabriel Vera Beorlegui, para los amigos Josetxo.

El último número que he recibido de la revista “Ecclesia” me da la oportunidad. Ahí se publica un texto de Josetxo, titulado “El tiempo oportuno”, una buena percha.

Lo primero que hay que aclarar es que José Gabriel no se va del todo, porque se queda en la “Santa Casa” como director de la Comisión Episcopal de Comunicaciones Sociales, una Comisión que no tardará mucho en renovarse por razones varias. Y esperemos que para bien de las comunicaciones, no sólo de las episcopales.

Recuerda Josetxo que en noviembre de 2014, el entonces secretario general de la CEE, el también periodista José María Gil Tamayo, le llamó para ofrecerle el cargo que ahora deja. Sustituía al periodista Isidro Catela, que lo había sido como portavoz en la época de monseñor Martínez Camino de Secretario General.

Desde que llegó a la CEE, Vera -no confundir con el Vera vicario de Madrid, de momento- ha trabajado, por tanto, con Gil Tamayo, Argüello y García Magán, como Secretarios, y con los presidentes Blázquez, Omella y Argüello. Ahí es nada.

En el citado artículo de “Ecclesia” José Gabriel hace un repaso de los grandes acontecimientos eclesiales que ha vivido, y de los grandes temas a los que ha tenido que hacer frente en su etapa de director de la Oficina de Información.

De entre ellos destaca la cuestión de la pederastia. La respuesta de verdad de la Iglesia ha sido más relevante que la imagen que ha quedado de ella en la opinión pública y publicada. Pasará mucho tiempo hasta que se reconozca la completa actuación eclesial ante un fenómeno que trasciende con mucho a España.

La aparición del Informe “Para dar luz”, en medio de la tormenta, con un fuego cruzado del que no era fácil salir indemne, fue una de las contribuciones más relevantes de, entre otros, Josetxo, para nada reconocidas en lo interno y en lo externo.

Josetxo, con sus aciertos y con sus errores, con sus formas, al final cada uno es su “cadaunada”, ha sabido lidiar con los periodistas, los que éramos y somos sus principales interlocutores, con lealtad y con espíritu de servicio.

En el trabajo de un responsable institucional de comunicación no pocas actuaciones son de obediencia debida. Es esa obediencia, que se percibe en la forma de ejercerla, la que da la medida de la humanidad de quien la ejerce.

En estos tiempos nada fáciles, en un singular pontificado del papa Francisco para el tejido estructuralmente institucional de las Iglesia, Josetxo ha visto cómo han florecido egos escaladores cuya fórmula secreta es el poder, atajos de biografías cuyo final aún no está escrito. Lo ha visto y probablemente lo ha padecido.

Ahora José Gabriel Vera se centrará en la dimensión pastoral y espiritual de la comunicación y de los comunicadores, tarea si cabe más necesaria.

La información institucional estará en buenas manos, que, como concluye en su artículo de “Ecclesia”, “con esfuerzo y acierto, así lo espero, lleven a cabo esa tarea”.

Nos veremos, querido Josetxo, en medio del camino de la vida periodística. No lo dudes.

 

 

José Francisco Serrano Oceja