En voz baja
El Vaticano y representantes del confucianismo han protagonizado un acontecimiento histórico con la celebración en Seúl del primer diálogo oficial entre ambas tradiciones, un encuentro que busca tender puentes entre el cristianismo y una de las corrientes filosóficas y éticas más influyentes de Asia para promover una sociedad más justa, pacífica y solidaria.
05/08/26
Cardenal George Jacob Koovakad,
Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.
El coloquio, que se desarrolla los días 4 y 5 de agosto en la Universidad Católica de Sogang, ha sido organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso de la Santa Sede junto con la Academia Confuciana Coreana Sungkyunkwan, la Conferencia Episcopal de Corea y la propia universidad. Se trata del primer encuentro institucional de estas características entre la Iglesia católica y el confucianismo.
El encuentro comenzó con la presentación del borrador de las Directrices para el diálogo cristiano-confuciano, "un importante logro académico y un paso significativo en nuestro camino común de escucha y comprensión recíproca". Al finalizar los dos días de trabajo se publicará la versión definitiva del documento, informa Vatican News.
En la sesión inaugural, el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Jacob Koovakad, destacó que, aunque la visión cristiana del "Cielo nuevo y la Tierra nueva" y el ideal confuciano del Datong o "Gran Unidad" proceden de tradiciones distintas, ambas expresan una aspiración común de la humanidad: construir comunidades marcadas por la paz, la inclusión, la solidaridad y la compasión.
El purpurado subrayó que el diálogo entre religiones y culturas no debe quedarse en un mero intercambio académico, sino traducirse en una colaboración concreta frente a los grandes desafíos contemporáneos. En este sentido, animó a cristianos y confucianos a trabajar juntos por el bien común, convencido de que la cooperación entre ambas tradiciones puede ofrecer respuestas éticas a un mundo cada vez más fragmentado.
El cardenal indio reafirmó que el cristianismo y el confucianismo, dos de las grandes tradiciones de civilización del mundo, "han modelado profundamente el desarrollo moral, cultural y social de las sociedades y continúan inspirando una vida de virtud y de servicio al bien común".
Según explicó el cardenal, Confucio recurrió al patrimonio clásico para recuperar una imagen convincente de la sociedad ideal, desarrollada posteriormente por sus discípulos durante el turbulento período de los Estados Combatientes.
Según Koovakad, los fundamentos de esa transformación de la sociedad son significativamente diferentes.
Para el cristianismo, la renovación de la humanidad y de la creación encuentra su fundamento en la acción redentora de Dios mediante Cristo. En consecuencia, el comportamiento ético no constituye simplemente una virtud social, sino la expresión visible de la comunión con Dios.
Para el confucianismo, por el contrario, la armonía no nace de la redención divina, sino de la formación moral de la persona, de la guía de gobernantes virtuosos, de la educación en los ritos y del orden ético de las relaciones humanas.
Este encuentro supone un paso significativo en la estrategia de la Santa Sede de reforzar el diálogo con las grandes tradiciones religiosas y filosóficas de Asia. El objetivo es favorecer una cultura del encuentro que contribuya a la reconciliación, la justicia y la convivencia pacífica entre los pueblos, especialmente en un contexto internacional marcado por conflictos y tensiones crecientes.