Tribunas

La fe también ganó en el Mundial

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Ferran Torres levanta la copa del Mundial de Fútbol.
Jose Breton / AFP7 / Europa Press.

 

 

 

 

Día antes de la final del Mundial de Fútbol, en una rueda de prensa, un periodista le hizo al entrenador de España, Luis de la Fuente, una pregunta “curiosa” que tenía que ver con su fe.

Le decía el periodista que “los que somos ateos no acabamos de entender la relación de los que tienen fe con Dios, ¿Dónde queda Dios y la fe cuando hay una final y se requiere absolutamente todo para ganarla?”.

A lo que Luis de la Fuente respondió: “Te entiendo perfectamente, porque es que a mí me sucede igual con los ateos, exactamente igual…”.

Llegó la final, España ganó y en los minutos primeros de declaraciones de los futbolistas, particularmente el que metió el gol, desde la abundancia del corazón y el nerviosismo y la emoción del momento habla la boca, fue una cadena de confesiones de fe que son un signo de nuestro tiempo. Unos jóvenes, líderes para la juventud, sin complejos a la hora de hacer pública su relación con Dios.

Ferran Tores, el jugador que hizo posible el milagro español dijo que “he sido una persona muy criticada. Pero yo creo que el destino está escrito, Dios siempre me da esas fuerzas para seguir y, al final, Dios le da las cosas a quien más se lo merece”. En otro medio comentó: “No tiene mucho sentido todo lo que estoy viviendo. Intento hacerlo lo mejor que puedo. Caí muy abajo en un momento de mi carrera más duro y conseguí salir a flote. Hay alguien que me está ayudando desde arriba”.

Días antes, en un vídeo de la Federación, confesaba que “tengo la cruz y una Virgen, al final creo que es algo que me da mucho apoyo, tener muchísima fe y para mí es algo muy importante”.

Rodri Hernández, balón de oro, el mejor jugador del Mundial, no se escondía y repitió en varias ocasiones: “Soy muy cristiano y estoy seguro de que hay alguien ahí arriba ayudándome”.

Nico Willimans, que se santiguaba antes de comenzar los partidos, debe su nombre de pila al sacerdote claretiano Iñaki Mardones, quien brindó a sus padres ayuda a través de la Cáritas diocesana de Bilbao cuando llegaron a la ciudad vasca desde Ghana en 1994.

No recuerdo un cúmulo similar precedente de expresiones de fe, amplificadas con la relevancia del mundial, en quienes son líderes de la juventud y representan lo mejor de una nación y de una sociedad.

Inmersos en un tiempo de anti-ejemplos en el ámbito de la política, y de la economía, tanto el entrenador de España, que representa al español hecho a sí mismo y seguro de sí mismo, de sus convicciones, como estos jugadores han ratificado el proceso de normalización pública de la fe.

Si hay un dato evidente desde el punto de vista sociológico es que se ha perdido el miedo a confesar públicamente la fe. Antes la fe representaba el pasado, una reliquia de un tiempo finiquitado que había traído nefastas consecuencias.

Ahora la fe, y su manifestación pública, es signo de una identidad personal y social que no se esconde y que no forma parte sólo de lo privado. Estamos en un proceso de superación de un pasado que ha traído consecuencias inimaginadas y apunta hacia un futuro en el que no se puede obviar esta dimensión constituida del ser humano.

Que hablar públicamente de la fe se normalice en la sociedad, incluso en los medios de comunicación, no como un dato extemporáneo, o marginal, o anecdótico o incluso provocador, es un triunfo para poder asentar una conversación pública que contribuya al bien de todos. Si la fe se hace viable socialmente por el testimonio, el de este entrenador y estos jóvenes es un valioso gol a algunos postmodernos.

 

 

José Francisco Serrano Oceja