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Roberto Noriega, agustino e impulsor de la Asociación de Teólogos morales: “Francisco cambió el acento de la moral, no la doctrina”

 

La Asociación Ibérica de Teólogos Morales (ATIEM) cierra la etapa del Papa Francisco recogiendo las principales ideas de su magisterio y presenta los hilos de unión y continuidad de León XIV

 

 

 

16/07/26 | Marta Santín, X


 

 

 

La Asociación Teológica Ibérica para el Estudio de la Moral (ATIEM) ha querido cerrar el ciclo del pontificado del papa Francisco con una reflexión de fondo sobre el legado moral del pontífice argentino y los primeros pasos de León XIV. Lo ha hecho durante las III Jornadas de ATIEM, celebradas los días 7 y 8 de julio en Ponta Delgada (Azores), bajo el lema El caminar de la teología moral del papa Francisco. "Aceite y vino sobre las heridas del mundo".

 

 

 

  1. Un laboratorio de ensayo en Teología Moral
  2. Pluralidad: riqueza del proyecto
  3. Francisco cambió el acento, no la doctrina
  4. Francisco y León: amor a los pobres 
  5. Desafíos históricos de cada uno
  6. La inteligencia artificial, uno de los grandes retos
  7. Ideología de género
  8. Diez años de Amoris laetitia
  9. Reflexión teológico-moral de la Península Ibérica

 

 

 


(Azores) acogió las III Jornadas de la
Asociación Ibérica de Teólogos Morales - ATIEM.

 

 

 

Un laboratorio de ensayo en Teología Moral

La riqueza de esta asociación es que reúne a teólogos morales de distintas corrientes y sensibilidades dentro de la iglesia, las que se podrían llamar más conservadoras y más progresistas.

Como sus impulsores indican, la Asociación ATIEM es uno de los lugares -pedidos por el papa Francisco en el motu proprio Ad theologiam promovendam-, “en los que vivir y experimentar la colegialidad y la hermandad teológica”, semejante a un laboratorio de ensayo a servicio de la Iglesia española y portuguesa.

La asociación reúne actualmente a cerca de cuarenta teólogos de dieciocho instituciones académicas de España y Portugal.

 

Pluralidad: riqueza del proyecto

El encuentro en las Azores reunió a especialistas en Teología Moral de España y Portugal procedentes de universidades, diócesis y de instituciones religiosas para abordar algunos de los principales desafíos éticos, sociales y pastorales que afronta hoy la Iglesia. Entre ellos figuraron la inteligencia artificial, la sinodalidad, Laudato si', Amoris laetitia, el discernimiento moral o la justicia internacional.

En declaraciones a Religión Confidencial, el secretario de ATIEM, el sacerdote agustino Roberto Noriega, socio fundador de la asociación, explica que precisamente esa pluralidad constituye una de las principales riquezas del proyecto. "Para dialogar sobre problemáticas que a veces son tan complejas todos podemos aportar algo para conocer las caras que forman el poliedro de la realidad. Hay que unir fuerzas. Andar cada uno por su lado, como francotiradores, debilita la misión que la teología moral debe hacer en servicio a la sociedad y a las Iglesias de nuestros países."

 

Francisco cambió el acento, no la doctrina

Uno de los aspectos más relevantes de las jornadas fue la elaboración de un balance del pontificado de Francisco desde la perspectiva de la Teología Moral. Lejos de interpretar su magisterio como una ruptura con la tradición, ATIEM sostiene que existe una clara continuidad doctrinal.

Noriega resume así una de las principales conclusiones alcanzadas por los participantes: "Francisco no cambió lo esencial de la enseñanza moral de la Iglesia. Ha cambiado el acento de algunos temas y ha captado el progreso en otros, recogiendo las intuiciones y sensibilidad de la Iglesia actual que debe expresar mejor su dimensión misionera."

Según explica el sacerdote agustino, el pontífice argentino aportó nuevos instrumentos pastorales para aproximarse a las personas que viven situaciones complejas, insistiendo especialmente en el discernimiento moral, en la escucha y en el acompañamiento.

Las jornadas subrayaron también que Francisco complementó la perspectiva desarrollada por san Juan Pablo II. Si Veritatis splendor tomaba como figura al joven rico del Evangelio, Francisco situó en el centro al buen samaritano de Fratelli tutti, proponiendo una Iglesia que "cura las heridas" mediante la escucha, la acogida y la inclusión.

 

 

 


Uno de los momentos más significativos del encuentro de ATIEM
fue la mesa redonda del día 8 de julio en el Coro Alto del Convento de la Esperanza,
con el sugerente tema “Azores: la Igreja en el centro del mundo”.

 

 

 

Francisco y León: amor a los pobres

Noriega también respondió a Religión Confidencial sobre las semejanzas y diferencias entre Francisco y León XIV.

Noriega considera prematuro establecer conclusiones definitivas sobre un pontificado todavía muy reciente, aunque aprecia una evidente continuidad entre ambos.

"Les une el amor a los pobres desde su experiencia vital", afirma el secretario de ATIEM. "Ambos creen que hay que caminar con ellos. No es suficiente verlos, ir a su terreno de juego y luego reflexionar desde fuera haciendo teología de gabinete. Caminar junto a ellos te permite descubrir que hay pícaros que viven del cuento de la pobreza, pero hay otros muchos que lo son por razones de injusticia".

Y añade algunas interesantes características de cada uno:

"El papa Francisco era argentino, y además porteño (con una relación muy de participar con las palabras y con un humor especial). Había sido arzobispo de Buenos Aires, que es una macrociudad en la que los contrastes son terribles: centros comerciales más lujosos de América del Sur junto a las villas miserias.

El papa León es norteamericano/peruano, que ha viajado por todo el mundo como superior de la Orden agustiniana y tiene una visión muy amplia de la Iglesia. Pero es muy tímido -no va sin su papel escrito, aunque ahora se esté soltando- y ha sido obispo en una ciudad perdida de Perú con mucha miseria, pero sin los grandes contrastes de Buenos Aires. Preciso como matemático y canonista, y respetuoso por las formas como norteamericano".

 

Desafíos históricos de cada uno

Pero donde el teólogo encuentra la diferencia más significativa es en los desafíos históricos que cada uno ha debido afrontar.

"Francisco insistió más en relacionar lo humano con lo natural, impulsado por la preocupación por el cambio climático y el cuidado de la creación", explica Roberto Noriega.

Ahora, en cambio, considera que el nuevo Papa deberá concentrar buena parte de su atención en la revolución tecnológica. "A León le va a tocar insistir más en la relación de lo humano con lo artificial. La irrupción brutal de la Inteligencia Artificial cuestiona quiénes somos, dónde estamos, hacia dónde queremos ir y cómo cuidar las relaciones humanas."

El secretario de ATIEM añade además que León XIV parece especialmente llamado a reforzar la unidad interna de la Iglesia en un contexto marcado por la polarización.

 

La inteligencia artificial, uno de los grandes retos

Precisamente la inteligencia artificial ocupó buena parte de los debates celebrados en Ponta Delgada.

Los participantes analizaron los desafíos planteados por la encíclica Magnifica Humanitas, destacando que la Iglesia ha conseguido situarse como una de las voces más relevantes del debate internacional.

Según Noriega, el documento papal evita tanto el alarmismo como la ingenuidad.

"La Iglesia ha estado en su sitio, convirtiéndose en la voz más potente para llamar la atención de la humanidad sobre el rumbo que deben tomar estos avances tecnológicos", explica.

Al mismo tiempo, advierte de los enormes intereses económicos presentes detrás del desarrollo tecnológico y de la necesidad de formar ciudadanos críticos capaces de exigir transparencia en unos sistemas todavía poco conocidos.

Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, añade, ofrecen criterios especialmente útiles para afrontar este nuevo escenario tecnológico.

 

 

 


El encuentro de ATIEM tenía como lema
El caminar de la teología moral del papa Francisco:
“Aceite y vino sobre las heridas del mundo”.

 

 

 

Ideología de género

Durante las jornadas también hubo espacio para abordar cuestiones especialmente delicadas dentro del panorama eclesial actual, aunque no fue uno de los temas principales.

Entre los temas controvertidos que aborda esta asociación está la ideología de género. Según explica Noriega, el objetivo no fue alimentar la confrontación, sino incorporar los datos científicos al discernimiento moral. "Legislar o hacer teología sin esos datos de las ciencias no es correcto porque se puede hacer mucho daño a las personas."

Los participantes distinguieron entre sexo e identidad de género y defendieron que la reflexión teológica debe dialogar seriamente con las aportaciones científicas para ofrecer un auténtico acompañamiento pastoral.

 

Diez años de Amoris laetitia

Otro de los momentos destacados fue la conferencia del profesor José María Pardo Sáenz, doctor en Teología Moral por la Universidad de Navarra, sobre el décimo aniversario de Amoris laetitia, cuyo contenido tendrá continuidad en el encuentro convocado por León XIV para analizar la recepción de la exhortación apostólica.

Según resume Noriega, Pardo insistió en que Francisco nunca pretendió romper con la Tradición ni puso en duda lo esencial de la comprensión del matrimonio, su unidad e indisolubilidad. Hay una hermenéutica de la continuidad.

Más bien recordó una distinción clásica de la teología moral entre la valoración objetiva de un acto y la responsabilidad subjetiva de quien lo realiza, recuperando el discernimiento y los atenuantes ya presentes en el Catecismo de la Iglesia Católica. El horizonte pastoral sigue siendo el mismo: "acoger, discernir e integrar", sin convertir el capítulo VIII de Amoris laetitia en una autorización general para acceder a la comunión.

 

Reflexión teológico-moral de la Península Ibérica

Con estas jornadas, ATIEM pretende seguir consolidándose como uno de los principales foros de reflexión teológico-moral de la Península Ibérica. Su apuesta pasa por reunir voces diversas, promover el diálogo académico y ofrecer a la Iglesia herramientas para afrontar cuestiones inéditas como la inteligencia artificial, la crisis antropológica, la participación sinodal o la creciente polarización eclesial, manteniendo como horizonte la continuidad del magisterio entre Francisco y León XIV y una teología capaz de "poner aceite y vino sobre las heridas del mundo".