La Virgen de los Ojos cerrados

 

 

09/07/2026 | por Grupo Areópago


 

 

 

 

 

 

Tras la celebración del Jubileo del año 2025, en el presente 2026 nuestra archidiócesis está conmemorando diferentes jubileos extraordinarios, al cumplirse varias efemérides de notable importancia.

Una de ellas es el jubileo que la Orden de la Inmaculada Concepción celebra con motivo del 50 aniversario de la canonización de su fundadora: santa Beatriz de Silva.

La vida de esta orden religiosa tiene una notable vinculación con Toledo. En Toledo se fundó su primer convento y santa Beatriz vivió, murió y se conservan sus restos en nuestra ciudad.

Ciertamente, fue santa Beatriz de Silva una mujer admirable, cuya vida y legado merecen su conocimiento y recuerdo.

Nació Beatriz en 1437. Sus padres, que pertenecían a la nobleza portuguesa, educaron a sus doce hijos en la fe cristiana, destacando su devoción por la Inmaculada Concepción.

En 1447 llegó a Castilla, formando parte de las damas que acompañaban a Isabel de Portugal, quien casaría con el rey Juan II, y de cuyo matrimonio nacería la futura Isabel la Católica.

Formando parte de la corte castellana, que por entonces residía en Tordesillas, tuvo lugar uno de los acontecimientos que determinaron su vida. Desconocemos realmente la razón; quizás por algún tipo de intriga, o por celos de la reina, ésta mandó encerrar a Beatriz en un baúl, en el que estuvo recluida tres días. Durante este encierro, del que sobrevivió milagrosamente, se le apareció la Virgen, quien, además de consolarla, la encomendó la fundación de una orden religiosa dedicada a rendir culto a la Inmaculada Concepción.

Cuando fue liberada, decidió abandonar la corte y trasladarse a Toledo. Determinó residir en el convento de santo Domingo el Real. Allí no vivía como religiosa, sino siguiendo la costumbre de muchas damas de la época que decidían trasladarse a un convento en el que seguían la vida del convento, aunque contaban con algunos privilegios, como tener a su disposición damas de compañía. De cualquier forma, Beatriz vivió con voto de castidad, llevando una vida de silencio, soledad y oración; y llegó incluso a velar su rostro de por vida.

En el convento de las monjas dominicas vivió durante treinta años. En este tiempo, sin duda, fue dando forma al encargo que le había hecho la Virgen acerca de fundar una orden religiosa.

Isabel la Católica es proclamada reina de Castilla en 1474 y una época de paz llega al reino a partir de 1479. No son extrañas las visitas de la reina al convento de Santo Domingo para verse con Beatriz, debido a la fama de mujer piadosa que tenía. Indiscutiblemente, entre estas conversaciones, surge el tema de la nueva orden. Así, en 1484, santa Beatriz se traslada junto a doce compañeras a unos terrenos que la reina le cede. El siguiente paso era la aprobación de la nueva orden, hecho que sucede en 1489.

Murió santa Beatriz en agosto de 1492. Al levantarla el velo, apareció en su frente una estrella dorada, símbolo que le suele acompañar en su iconografía identificativa. Fue canonizada por Pablo VI el 3 de octubre de 1976.

Probablemente sea la humildad una de las virtudes que más nos ayudan a conocer el corazón de Dios y una de las características fundamentales de santa Beatriz. Se cuenta que, cuando vivía con sus padres en la localidad portuguesa de Campo Mayor, su padre encargó a un pintor italiano la imagen de una Virgen. El artista, debido a la belleza de Beatriz, sugirió que posara como modelo. Ella, por obediencia, accedió, pero decidió, por pudor al no sentirse digna de representar a la madre de Dios, posar sin abrir los ojos. Así, resultó un lienzo conocido como “La Virgen de los ojos cerrados”, que se conserva en una iglesia portuguesa.

 

Santa Beatriz de Silva, ruega por nosotros.

 

 

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