Tribunas
06/07/2026
El Papa no pronuncia discursos “políticos”
José Francisco Serrano Oceja
El Papa preside la santa misa
en el Campo Deportivo "Arena" de Lampedusa
(@Vatican Media).

Me ha llamado la atención que el Papa León XIV, en su visita a Lampedusa, dijera que “no he venido a pronunciar discursos, sino a celebrar la Eucaristía, señal suprema de la presencia de Cristo entre nosotros. El gesto de Jesús al partir el pan para entregarse a sí mismo da sentido y fuerza a nuestros gestos cotidianos de ayuda y compartir. Sí, este es un lugar donde, más que las palabras, hablan los gestos. Pero los gestos, para ser humanos, necesitan un corazón. Por eso nos reunimos aquí: para buscar en Cristo el amor que solo Él puede darnos, para que el mundo de hoy y de mañana sea más humano, más humano para todos”.
La eucaristía es lo que une en la Iglesia. Lo que separan son las opiniones, los juicios, las suposiciones, los estereotipos, lo que nace de la incapacidad de ponerse en el lugar del otro y pensar desde el otro.
En la eucaristía, el otro en el que ponerse en su lugar es Cristo. Esta es la narrativa maestra.
Por eso da la impresión de que cuando León XIV aborda la cuestión de las migraciones lo hace dando un paso más con un mensaje que es primeramente teológico. No habla desde la política, ni desde la sociología, ni desde la economía. Habla desde la revelación en Cristo, por tanto, desde la teología.
Se notó en sus intervenciones en el reciente viaje a España y se ha vuelto a notar en las de Lampedusa, un lugar simbólico desde la inicial presencia del Papa Francisco como forma de inaugurar su pontificado.
El Papa León ha dicho en la homilía pronunciada en la isla italiana, glosando el hecho, narrado en el Evangelio, de la bajada de Jerusalén a Jericó que “antes de cualquier otra consideración intelectual o convicción ideológica, el impacto con quien yace delante de nosotros, despojado de todo, llama a la proximidad. La Carta a los Hebreos nos ha dicho «Acuérdense […] de los maltratados, como si estuvieran en sus cuerpos» (Hb 13,3). ¡Es el centro de la parábola evangélica: nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos (cf. Lc 10,36-37)!”.
La perspectiva cristológica de las intervenciones del Papa León nos ayuda a despolitizar lo humano. La política piensa que es la solución a todos los problemas. Sin embargo vemos como la política se ha convertido en una trama de intereses no siempre evidentes.
“Ahora, -dijo León XIV en su homilía en Lampedusa- sobre los hombros de estos gigantes, hemos entrado en un milenio en el cual dar forma espiritual, cultural, jurídica, política y económica a la civilización del amor. Que la inmensidad del dolor que observamos nos haga acoger la radicalidad de esta llamada.
Por eso, la palabra del Papa rompe con las dinámicas sociales que se imponen y nos recuerdan que “el desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de proveniencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio, el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas: todo esto reproduce, hoy, el apresurado “pasar de largo” (cf. vv. 31.32) del relato evangélico”.
La Iglesia y el Papa no pasan de largo por las grandes cuestiones que interpelan la conciencia en la historia. Pero lo hacen desde una perspectiva maestra cristológicamente humana o humanamente cristologizada. Sería bueno que no pocos discursos en la Iglesia, sobre esta y otras cuestiones sociales siguieran esa dinámica. Esta es la gran diferencia.
José Francisco Serrano Oceja