Palabras del Papa I: La escuela de Salamanca

 

 

04/07/2026 | por Grupo Areópago


 

 

 

 

 

 

Si ha habido un discurso contundente durante la reciente visita del santo padre a España este ha sido sin duda sus palabras en el Congreso de los Diputados, un discurso calificado por los medios como ¨histórico¨. 3.202 palabras, treinta minutas de disertación y siete minutos de aplausos ininterrumpidos, un hecho insólito en el hemiciclo que por primera vez recibía la visita de un Papa. El hilo argumental centrado en la responsabilidad política de los gobernantes, el valor del diálogo y el peligro que entraña el creciente enfrentamiento fue hilvanándose en torno a grandes temas con precisión de orfebre definiendo la sociedad actual. Del Quijote a Teresa de Jesús pasando por Unamuno fueron algunos de las referencias a España, haciendo especial mención a una institución en muchos casos olvidada, y que resulta crucial para entender no sólo nuestro país sino el mundo tal y como hoy lo entendemos; La escuela de Salamanca.

La escuela de Salamanca fue un movimiento intelectual surgido en los siglos XVI y XVII en esta misma ciudad. Teólogos y juristas unieron sus esfuerzos para renovar la filosofía, la teología, la economía y el derecho sentando las bases de lo que después será el derecho internacional moderno o los derechos humanos. En una época convulsa en la que Europa es consciente de que existe ¨otro mundo¨ diferente del suyo, un grupo de estudiosos se sientan a debatir y entender cuestiones que en ningún momento pueden considerarse como baladís. Las personas que ocupan esas muevas tierras deben acogerse a una condición jurídica, deben ser tratados como seres humanos que poseen alma y entera dignidad y la ocupación de sus territorios, considerada legítima, debía organizarse. Occidente, por lo tanto, aposentado en las bases de la filosofía griega, el derecho romano y la tradición cristiana abre su perspectiva a nuevas tierras y nuevas formas de vida y en ese momento crucial de la historia que marca lo que conocemos como Edad Moderna es la Escuela de Salamanca la que establece los parámetros a seguir.

Desde el planteamiento del diálogo y falta de confrontación que impone la Universidad salmantina es más fácil entender las palabras del Papa. El bien común necesario en los políticos actuales, el guiño a la Doctrina Social de la Iglesia con la defensa de la dignidad humana, la libertad religiosa, el absoluto rechazo a la guerra, la defensa a ultranza de la vida o sus continuas llamadas en torno a los peligros de la inteligencia artificial nos presentan un nuevo escenario en el que es necesario pararnos a pensar y meditar. El mundo, al igual que en la Edad Moderna se encuentra en un cambio histórico. Ya no se trata de descubrir nuevas tierras, pues la interconexión entre países y lugares es la nota dominante, se trata de cuidar los lazos que nos unen y de establecer unas directrices que hagan posible una coexistencia pacífica, que se eliminen fronteras raciales y culturales y que se entienda la dignidad humana como el bien más preciado que existe. Únicamente si nos sentamos a hablar esto será posible.

Y sí, es muy posible que dentro de muchos años, el discurso del Papa en el Congreso se entenderá como un verdadero hecho histórico. Fue el momento en el que un siervo de Dios alzó la voz en el lugar que configura políticamente la nación española para recordarnos que ya hace siglos fuimos capaces de ponernos de acuerdo en pos del beneficio común marcando límites morales al poder. Esperemos que tuvieran los oídos bien preparados para el mensaje.

 

 

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