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Cisma en la Iglesia: ¿Qué pasará ahora en la FSSPX? ¿Serán lícitas las misas, quedarán excomulgados también los fieles?

 

A la espera de la decisión de León XIV, un experto canonista analiza para Religión Confidencial las claves jurídicas tras el desafío de la Fraternidad San Pío X al Papa tras las consagraciones episcopales de Écône

 

 

 

02/07/26 | Marta Santín, X


 

 

 

Las consagraciones episcopales celebradas este miércoles en Écône (Suiza) por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X han abierto una nueva y delicada crisis entre Roma y el movimiento fundado por el arzobispo Marcel Lefebvre. Aunque el acto se ha consumado pese a la petición expresa del Papa León XIV de que no se llevara a cabo, las consecuencias canónicas definitivas aún están por determinar. Será la Santa Sede, previsiblemente a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la que deba pronunciarse en los próximos días sobre el alcance de las sanciones y sobre el futuro de la Fraternidad.

 

 

 

  1. ¿Se declarará formalmente un cisma?
  2. La ceremonia se celebró pese a la carta del Papa
  3. Acto cismático
  4. Mismo escenario que en 1988
  5. Hasta dónde querrá llegar la Santa Sede en las sanciones
  6. Sanción canónica al Superior General
  7. Acto cismático no significa necesariamente cisma
  8. ¿Qué ocurre hoy con las misas de la Fraternidad?
  9. Las confesiones y los matrimonios, el punto más delicado
  10. ¿Y los fieles? ¿Quedarán excomulgados?
  11. También podría haber consecuencias civiles

 

 

 


La cismática consagración episcopal
de la Fraternidad San Pío X.

Foto: FSSPX

 

 

 

¿Se declarará formalmente un cisma?

Mientras tanto, la gran pregunta es qué ocurrirá con los sacerdotes y fieles vinculados a la FSSPX. ¿Quedarán también excomulgados? ¿Seguirán siendo válidas sus misas? ¿Podrán confesarse o contraer matrimonio en sus capillas? ¿Se declarará formalmente un cisma?

El sacerdote y canonista Pedro María Reyes responde a estas cuestiones en una entrevista concedida a Religión Confidencial, en la que insiste en que, por el momento, hay que distinguir entre los hechos ya producidos y las decisiones que todavía corresponden a la Santa Sede.

 

La ceremonia se celebró pese a la carta del Papa

La crisis estalló definitivamente en la mañana del 1 de julio en el seminario internacional de Écône, cuando monseñor Alfonso de Galarreta, asistido por monseñor Bernard Fellay, confirió la consagración episcopal a Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier como nuevos obispos auxiliares de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, todos ellos sin jurisdicción ordinaria.

La ceremonia se celebró pese a la expresa oposición del Papa León XIV, que apenas dos días antes había dirigido una carta personal al superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani, en un último intento por evitar unas consagraciones que Roma había advertido que constituirían un nuevo acto cismático.

En esa carta, fechada el 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el Pontífice comenzaba reconociendo el apego de muchos miembros de la Fraternidad a la liturgia tradicional, su formación sacerdotal y su deseo de fidelidad a la Tradición. Precisamente por ello afirmaba dirigirse a ellos "con ánimo paternal".

 

Acto cismático

Sin embargo, el tono cambiaba inmediatamente para lanzar un llamamiento directo: "Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!".

León XIV advertía de que las consagraciones episcopales sin mandato pontificio supondrían un "acto cismático" y alertaba especialmente de sus consecuencias para los fieles.

"Les exhorto a considerar atentamente el bien espiritual de los fieles, pues el acto cismático que cometerían les privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su propia santificación", escribía el Papa.

La carta concluía con una de las expresiones más duras de su pontificado hasta ahora en relación con la Fraternidad: "Lacerar la túnica indestructible de Cristo es un pecado de extrema gravedad".

 

 

 


Mons. Michael Goldade, uno de los
cuatro nuevos obispos de la Fraternidad San Pío X.

Foto: FSSPX

 

 

 

Mismo escenario que en 1988

Pese a este último llamamiento, la FSSPX siguió adelante con las consagraciones.

Tras la ceremonia, la Casa General de la Fraternidad publicó un comunicado en el que defendió la legitimidad de la decisión adoptada y aseguró que las nuevas consagraciones responden únicamente a la necesidad de garantizar la continuidad de su obra sacerdotal y apostólica.

Las posiciones, por tanto, vuelven a situarse prácticamente en el mismo escenario que en 1988, cuando Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos sin autorización de san Juan Pablo II, dando origen a una de las mayores crisis eclesiales de las últimas décadas.

Sin embargo, la situación actual presenta diferencias importantes desde el punto de vista jurídico. Y precisamente ahí centra su análisis el sacerdote y experto en Derecho Canónico Pedro María Reyes.

 

Hasta dónde querrá llegar la Santa Sede en las sanciones

"A día de hoy todavía estamos a la espera de que la Santa Sede se pronuncie oficialmente", explica a Religión Confidencial.

El canonista recuerda que el acto realizado en Écône constituye una desobediencia gravísima al Romano Pontífice, pero advierte de que aún falta conocer hasta dónde querrá llegar la Santa Sede en las sanciones que imponga.

"Hoy por hoy no podemos afirmar que todos los miembros de la Fraternidad estén excomulgados. La cuestión es qué decidirá ahora el Papa León XIV y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe".

"En este momento —explica— los afectados directamente por las consagraciones son los dos obispos consagrantes y los cuatro nuevos obispos. Pero la gran incógnita es si la Santa Sede se limitará a ellos o ampliará las sanciones a otros responsables de la Fraternidad".

 

 

 


Sermón del P. Davide Pagliarani, Superior General
de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X,
pronunciado durante las consagraciones episcopales
celebradas en Ecône el 1 de julio de 2026.

Foto: FSSPX

 

 

 

Sanción canónica al Superior General

El canonista considera difícil que el Vaticano deje la situación únicamente en esos seis prelados. "En muchos ambientes eclesiales se da prácticamente por hecho que no puede quedar así. Resultaría extraño que, por ejemplo, el Superior General, Davide Pagliarani, que ha sido el principal impulsor de estas consagraciones, no recibiera ninguna sanción canónica".

Sin embargo, subraya que por ahora se trata únicamente de hipótesis. "Será el Dicasterio para la Doctrina de la Fe quien determine hasta dónde llegan las medidas. Podrían afectar solamente a quienes participaron directamente en las consagraciones o extenderse también a la dirección de la Fraternidad e incluso a otros miembros especialmente comprometidos".

 

Acto cismático no significa necesariamente cisma

Uno de los aspectos que más confusión está generando entre los fieles es la diferencia entre un acto cismático y la declaración formal de un cisma.

Pedro María Reyes explica que ambos conceptos no son equivalentes.

"Una cosa es cometer un acto cismático, como sucede cuando se consagra un obispo sin mandato pontificio, desobedeciendo gravemente al Papa. Otra distinta es que la Santa Sede declare que existe un cisma formal de toda una comunidad. Esa segunda decisión corresponde exclusivamente a Roma y tiene consecuencias mucho más amplias".

Precisamente por eso, añade, las próximas decisiones del Papa León XIV serán determinantes para conocer el futuro jurídico de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

 

 

 

 

 

 

¿Qué ocurre hoy con las misas de la Fraternidad?

Respecto a una de las dudas más frecuentes entre los fieles, el canonista responde con claridad.

"En este momento las misas celebradas por sacerdotes de la Fraternidad San Pío X son válidas, porque el Papa Francisco les dio esta licencia. Sin embargo, son ilícitas, ya que ejercen el ministerio sin las facultades canónicas ordinarias".

Por ello, explica que la Eucaristía que celebran es válida y también lo es la comunión recibida por los fieles.

No obstante, recuerda que la Iglesia nunca ha recomendado acudir habitualmente a estas celebraciones.

"Hoy por hoy un fiel puede asistir a una misa de la Fraternidad e incluso entregar una pequeña limosna, pero la Iglesia desaconseja hacerlo para evitar asumir el espíritu de desobediencia que acompaña a estos actos".

Si finalmente Roma declarara la existencia de un cisma formal, el escenario cambiaría de manera significativa.

"En ese caso ya no sería lícito participar en esas celebraciones ni recibir allí la comunión, porque entraríamos en una situación semejante a la que existe con las Iglesias ortodoxas, lo que técnicamente se denomina communicatio in sacris o intercomunión".

 

Las confesiones y los matrimonios, el punto más delicado

Pedro María Reyes considera que el cambio más importante podría afectar a dos sacramentos concretos.

Recuerda que el papa Francisco concedió en su día a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de absolver válidamente en confesión y permitió también que pudieran asistir a matrimonios con la correspondiente autorización del ordinario del lugar.

Sin embargo, el canonista cree que la carta enviada por León XIV deja entrever que estas concesiones podrían ser retiradas.

"Cuando el Papa escribe que el acto cismático podría privarles de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos, parece estar aludiendo precisamente a la confesión y al matrimonio, que son los dos ámbitos donde la Santa Sede había otorgado facultades especiales".

 

¿Y los fieles? ¿Quedarán excomulgados?

Otra de las cuestiones que más preocupa es la situación de los laicos que frecuentan las capillas de la Fraternidad.

Pedro María Reyes responde con rotundidad. "Hoy por hoy los fieles no están excomulgados por asistir a las celebraciones de la Fraternidad. Tampoco los sacerdotes que, hipotéticamente, hubieran concelebrado".

Ahora bien, advierte de que todo dependerá de cómo evolucione la respuesta de Roma.

 

También podría haber consecuencias civiles

El canonista apunta además a un aspecto poco conocido fuera de los círculos especializados: el reconocimiento jurídico de la Fraternidad ante las administraciones públicas.

"Si finalmente Roma declara el cisma, es probable que esa situación cambie. La Fraternidad podría verse obligada a solicitar su reconocimiento como una confesión cristiana distinta de la Iglesia católica, con las consecuencias jurídicas y administrativas que ello supondría".

A la espera de lo que diga el Vaticano, Pedro María Reyes afirma que conviene evitar afirmaciones categóricas. "Lo único seguro es que las consagraciones ya se han producido. Todo lo demás dependerá ahora de la respuesta oficial de la Santa Sede. Será esa decisión la que determine si estamos únicamente ante un acto cismático cometido por unas personas concretas o ante un nuevo escenario canónico para toda la Fraternidad Sacerdotal San Pío X".