Opinión

Lágrimas en la FSSPX

 

 

Pedro María Reyes


La celebración en Ecône con la consagración episcopal
de cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
sin mandato pontificio (ANSA).

 

 

 

 

 

Tuve hace escasos días una dura conversación con una mujer que derramaba lágrimas por la situación actual de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), pocos días antes de las consagraciones episcopales que les situarían fuera de la Iglesia. Ella es católica fielmente unida al Papa, pero su hija hace años que es miembro de la FSSPX, a la que conoció por su novio, su actual esposo, que asistía a sus reuniones. Se casaron en uno de sus templos, aunque antes obtuvieron en el obispado la dispensa de forma canónica. Y en la familia de su yerno hay un sacerdote lefebrista. Como dije en otro artículo, no es infrecuente en Argentina encontrar familias con varios miembros vinculados de un modo u otro a la FSSPX.

Ella me preguntaba qué pasaría ahora, si podría ir a Misa con su hija y sus nietos, si podría asistir a las celebraciones como las primeras comuniones o confirmaciones, o si su hija vendría en las mismas ocasiones a las de sus hermanos y sobrinos. Cuando se reúnan en Navidad si sentirían a partir de ahora lo mismo.

Consolé de la mejor manera que pude a esa mujer, pero me dejó pensando. Detrás de este cisma no hay solo papeles en despachos, o artículos de prensa que se publican en sitios web de religión, o abstractos y fríos argumentos teológicos que se tiran a la cabeza del otro. Hay almas. Hay gente que sufre, que se debate en complicados problemas de conciencia, que sienten que sea cual sea la decisión que tomen, están traicionando a alguien, quizá a su fe o a sus hijos. Hay lágrimas de madres, de hijos, de cónyuges.

La historia de la Iglesia es muy rica y desgraciadamente tiene experiencia en cismas. Este no es el primero ni previsiblemente será el último. Y supongo que en todos los anteriores ocurrió lo mismo: familias divididas, personas que deben tomar difíciles decisiones, y también actos heroicos de fieles que se humillan y renuncian a sus convicciones más arraigadas porque ante todo les importa seguir unidos al Vicario de Cristo. Imitan a San Pedro cuando después del discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, en que Jesús reveló doctrinas que no comprendió, dijo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68).

Santo Tomás Moro sabe lo que es sufrir divisiones familiares en un cisma. Sabe lo que es quedarse prácticamente el único fiel al Papa en tu entorno. Pienso que puede ser el mejor intercesor en estas circunstancias, para que cierre heridas familiares y sobre todo para que se cierre este cisma cuanto antes.

 

 

Pedro María Reyes