Tribunas
25/06/2026
Pedro Sánchez no escuchó bien al Papa en el Congreso
José Francisco Serrano Oceja
El Papa en el Congreso de los Diputados.
Foto: Eduardo Parra / Europa Press

Pocos días han pasado y el Congreso de los Diputados ha vuelto a ser protagonista de la actualidad política española con un pleno dedicado a la corrupción que nos asfixia.
La distancia del discurso del Papa en esa sede y la realidad del día a día es tan abismal que si Pedro Sánchez hubiera escuchado realmente lo que dijo el Papa hoy hubiera contribuido a un nuevo tiempo en la política española, a “resetear” el sistema. El principal motivo que tiene Pedro Sánchez para convocar elecciones es haber escuchado al Papa, si lo hubiera hecho de verdad y meditado, si se hubiera tomado en serio sus palabras. Pero esa oportunidad se está perdiendo.
Esto coincide, algo que me sorprende, con la escasa repercusión que la edición del discurso del Papa en las Cortes ha tenido, sobre todo por el contenido del epílogo que ha escrito el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, para esta tirada que se ha enviado a todos los diputados y senadores de España.
Recuerda don Luis al inicio de su texto por qué podemos hablar, en referencia a la del pasado 8 de junio, de una jornada histórica para España. Para inmediatamente a firmar que “la historia de España está íntimamente entrelazada con la historia del cristianismo”. Esto no significa vivir instalados en la nostalgia del pasado sino poner en valor “las energías espirituales y humanas necesarias para afrontar los desafíos del presente”.
Destaca el Presidente de la Conferencia Episcopal que “la presencia del Santo Padre en las Cortes Generales constituye una expresión elocuente de esta voluntad de diálogo respetuoso y constructivo”.
Recordemos que una de las frases más repetidas de Zapatero era aquella que se dirigía los obispos afirmando que “la fe no legisla”.
Recuerda monseñor Argüello que “la Iglesia no pretende sustituir a las instituciones democráticas ni invadir competencias que no le corresponden; desea, más bien, ofrecer la aportación de una sabiduría humana y espiritual acumulada durante siglos al servicio de la dignidad de toda persona, de la convivencia social y de la búsqueda del bien común”.
Lo que el Papa pidió fue futuro para la política española, proyecto de vida en común, esperanza al fin y al cabo. “Un futuro -escribe don Luis- que no se construye levantando muros, sino tendiendo puentes; no alimentando enfrentamientos, sino buscando espacios de encuentro; no defendiendo intereses particulares como absolutos, sino promoviendo el bien común como horizonte compartido”.
El autor de este epílogo lo firmó el día de Santo Tomás Moro, “mártir de la conciencia, servidor leal de su pueblo y testigo de la verdad hasta el sacrificio de su propia vida, continúa siendo un referente luminoso para quienes ejercen responsabilidades públicas. Su ejemplo recuerda que la política alcanza su máxima nobleza cuando está al servicio de la persona y de la sociedad”.
José Francisco Serrano Oceja