Tribunas
15/06/2026
El Papa León XIV y el Corazón de Cristo
José Francisco Serrano Oceja
León XIV durante la Santa Misa de la Vigilia del Sagrado Corazón de Jesús
en el Estadio de Gran Canaria. 11 de junio de 2026.
Foto: Alejandro M. Barrosa/Acfi/ Europa Press.

La Providencia hizo que Léon XIV estuviera en Canarias en la solemnidad del Corazón de Jesús. Y qué mejor teología, como perspectiva, que el Corazón de Cristo para dar un fundamento a la caridad cristiana, para alejarla de toda tentación de humanismo complaciente.
La verdad es que los textos del Papa sobre la misericordia del corazón del Señor, en este viaje profundamente eucarístico, por cierto, bien sirven de lectura espiritual para este mes de junio.
En la Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria, León XIV recordó que estamos en las primeras vísperas de “la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada. Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador”.
Hombre, al menos León XIV recuerda que España está consagrada al Corazón del Hijo.
El Corazón de Cristo es fuente de la caridad de Dios, “en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona. Porque amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”.
En esta teología de caridad, que también lo es del Sagrado Corazón de Jesús, “la gratuidad del Corazón de Cristo, sin embargo, no se detiene en esto. Va más allá, comprometiéndose en ayudar a cada uno no sólo a sobrevivir, sino también a recuperar la confianza y retomar el camino, para crecer y florecer plenamente en su unicidad, por el bien de todos. A este propósito, el Papa Benedicto XVI escribía que la caridad «de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal […] es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Caritas in veritate, 1)”.
Para aclarar más en que consiste la caridad cristiana, el Papa recordó que “nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad (cf. Fratelli tutti, 129). Sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor”.
Qué mejor síntesis de este día dedicado a la caridad de Dios, que meternos en la dinámica del Corazón de Cristo, que, según León XIV, “es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos” y los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor”.
“Queridos hermanos y hermanas -concluyó el Papa-, hoy adoramos el Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que a menudo representamos coronado de espinas y encendido con una llama, según las visiones que tuvo santa Margarita María Alacoque. Recordemos que nosotros somos la presencia viva del Señor en el mundo (cf. Lumen Gentium, 8). Por eso, mirémonos unos a otros, no sólo en esta jornada, sino siempre, con respeto y confianza, y renovemos, en esta conciencia, el compromiso de realizar en nosotros, en la caridad, lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por el bien de la Iglesia (cf. Col 1,24). Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor”.
Una nota más reconfortante de esta revitalizadora visita.
José Francisco Serrano Oceja