Vaticano

 

Saiz Meneses, en el Vaticano, pide a los obispos acoger los distintos carismas “sin temer la diversidad”

 

El arzobispo de Sevilla pronunció un discurso en el encuentro de Moderadores de asociaciones de fieles y movimientos eclesiales promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

 

 

 

24/05/26


 

 

 

El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, ha participado esta semana en el encuentro anual de moderadores de asociaciones internacionales de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y celebrado en el Vaticano, en el que también ha intervenido el Papa.

 

 

 

  1. León XIV: "Escucha mutua"
  2. Saiz Meneses; “Relación entre moderadores y obispos”
  3. Una respuesta suscitada por el Espíritu Santo
  4. Pensamiento del teólogo Romano Guardini
  5. “El obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”
  6. Sinodalidad y comunión
  7. “El Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”

  8. Acoger y discernir

 

 

 


El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses,
en el Vaticano.

 

 

 

Bajo el lema “Servir, acompañar, guiar. Fundamento y praxis del gobierno en las asociaciones”, las jornadas han reunido a cerca de 200 responsables de movimientos y asociaciones reconocidos por la Santa Sede para reflexionar sobre la autoridad, la comunión y la responsabilidad en la Iglesia.

 

León XIV: "Escucha mutua"

Durante el encuentro también intervino el papa León XIV, quien pidió a los líderes de asociaciones y movimientos que ejerzan su responsabilidad desde “la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario”.

El Pontífice defendió además que el buen gobierno en la Iglesia debe promover “la subsidiariedad y la participación responsable” y recordó que los movimientos están llamados a vivir abiertos al mundo y en comunión con toda la Iglesia.

En su saludo a los participantes del encuentro, León XIV elogió la historia y el trabajo de las asociaciones laicales y movimientos eclesiales, de los que —dijo— han surgido “muchas personas bien formadas y evangelizadores eficaces”.

El Papa animó a sus responsables a conservar esos dones y ayudarlos a crecer “con la gracia de Dios”, recordando que “todo carisma auténtico ya incluye en sí mismo la fidelidad y la apertura a la Iglesia”.

 

Saiz Meneses; “Relación entre moderadores y obispos”

En este contexto, Saiz Meneses pronunció este viernes la ponencia-testimonio titulada “Relación entre moderadores y obispos. La conciliación como estilo de gobierno”, en la que defendió una relación de comunión entre los pastores y los movimientos eclesiales, lejos de cualquier lógica de sospecha o confrontación.

El arzobispo hispalense partió de su propia experiencia personal. Recordó que con diecisiete años se incorporó al Movimiento de Cursillos de Cristiandad, del que hoy es asesor espiritual del organismo mundial, y aseguró que los movimientos, asociaciones y comunidades “son, para la Iglesia diocesana, una forma privilegiada mediante la cual el Espíritu Santo renueva, una y otra vez, la vida de la Iglesia”.

A continuación, repasó la historia de los Cursillos de Cristiandad desde sus orígenes en Mallorca en los años cuarenta hasta la actualidad, destacando que el movimiento “nació en el seno de la vida diocesana, en relación orgánica con el obispo, en respuesta a una necesidad pastoral concreta”. En este sentido, quiso precisar que “no fue un proyecto paralelo a la diócesis, sino un brote que emergía de su interior”.

 

Una respuesta suscitada por el Espíritu Santo

Saiz Meneses evocó después la intervención pronunciada en 1998 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger ante representantes de asociaciones y movimientos eclesiales. Según explicó, Ratzinger articuló entonces la relación entre la dimensión institucional y la dimensión carismática de la Iglesia “no como polos en tensión, sino como dos dimensiones co-esenciales de un único misterio”.

El arzobispo recordó además que el futuro Benedicto XVI definió los movimientos como “una respuesta suscitada por el Espíritu Santo a los desafíos del presente”, insistiendo en que “su aparición en la historia de la Iglesia no es fruto de planificaciones humanas, sino el signo de que el Espíritu sigue siendo el protagonista de la misión”.

Sin embargo, también advirtió —siguiendo la reflexión de Ratzinger— que todo carisma necesita purificarse mediante el discernimiento eclesial y que la integración de los movimientos “no siempre resulta fácil”. Entre las causas de esas dificultades citó la diversidad de espiritualidades, la tentación de algunos movimientos de cerrarse sobre sí mismos o la incapacidad de ciertas estructuras diocesanas para acoger “una realidad nueva que le desborda”.

Pese a ello, sostuvo que “en la superación de esas dificultades se prueba la madurez eclesial, tanto de los moderadores como de los obispos”.

 

Pensamiento del teólogo Romano Guardini

Durante su intervención, Saiz Meneses recurrió también al pensamiento del teólogo Romano Guardini y a su célebre afirmación de que “la Iglesia despierta en las almas”. Según explicó el arzobispo sevillano, Guardini percibía ya entonces el surgimiento de “una nueva conciencia” de la Iglesia como comunidad viva que el creyente descubre como propia.

A juicio del prelado, esa intuición mantiene “una vigencia extraordinaria” para comprender hoy la realidad de los movimientos y asociaciones eclesiales.

 

“El obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”

Fue en este contexto cuando pronunció una de las frases centrales de su intervención: “El obispo debe contemplar a los movimientos no con la sospecha del administrador ante algo que no controla, sino con la gratitud del pastor ante lo que el Espíritu suscita”.

Asimismo, añadió que “el obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”, sino “su primer servidor y primer garante de discernimiento”.

Saiz Meneses identificó tres tareas fundamentales del obispo respecto a las asociaciones y movimientos: discernimiento, integración y misión.

Más adelante, el arzobispo afirmó que la relación entre el obispo y los responsables de asociaciones y movimientos tiene “un nombre teológico preciso: comunión”. Apoyándose en el magisterio de Juan Pablo II, sostuvo que la comunión “no es el resultado de un proceso de negociación entre instancias diversas”, sino “un modo de percibir la realidad”.

En referencia a la constitución dogmática Lumen Gentium, explicó además que la conciliación entre obispos y movimientos “no es un ejercicio de habilidad diplomática ni un equilibrio de fuerzas en tensión”, sino “el reconocimiento mutuo, anclado en la fe, de que ambos son servidores de un mismo Espíritu”.

 

Sinodalidad y comunión

El arzobispo sevillano vinculó posteriormente esta reflexión con el magisterio del papa Francisco, quien —recordó— insistió reiteradamente en la sinodalidad como forma concreta de vivir la comunión eclesial. “La comunión, en su forma histórica, tiene hoy un nombre: sinodalidad”, afirmó.

En esa línea, subrayó que “el mismo encuentro del obispo con los responsables de movimientos es un acto sinodal”.

Saiz Meneses quiso también detenerse en el magisterio de León XIV, quien desde el inicio de su pontificado viene insistiendo en que “la sinodalidad es una categoría espiritual y misionera”.

Según explicó el arzobispo, esta visión obliga a replantear la relación entre obispos y movimientos: “No basta con que coexistan en paz, ni siquiera con que colaboren en proyectos comunes; es preciso que sean capaces de engendrarse mutuamente en la fe, de corregirse con caridad, de interpelarse con la verdad”.

 

“El Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”

En este punto aludió igualmente a la expresión utilizada por el Papa sobre la “gramática de la escucha”, definida como “la disposición a ser sorprendido, a descubrir que el Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”.

Para Saiz Meneses, la conciliación entre obispos y movimientos “es un proceso dinámico que necesita ser renovado continuamente con realismo”.

El arzobispo concluyó su intervención regresando a su experiencia pastoral en Sevilla, una diócesis donde conviven movimientos, asociaciones y nuevas comunidades junto a hermandades y cofradías que, según destacó, constituyen “un tejido de pertenencia religiosa que no puede ser ignorado”.

 

Acoger y discernir

Desde esa experiencia concreta aseguró que la tarea del obispo consiste en “acoger y discernir”, integrando los distintos dones “en un proyecto común de evangelización”, sin miedo a la diversidad.

En uno de los pasajes más personales de su intervención, evocó nuevamente al joven de diecisiete años que descubrió su vocación en un cursillo de Cristiandad: “Cuando se producen tensiones, recuerdo al joven de diecisiete años que entró en aquel cursillo y salió con un horizonte mucho más amplio. No más seguro de sí mismo, sino más consciente de que pertenecía a algo grande, que lo desbordaba por todos lados”.

“Eso es la Iglesia. Eso es lo que las asociaciones, movimientos y comunidades hacen presente, cuando son fieles a su carisma”, añadió.

Finalmente, el arzobispo sevillano insistió en que el obispo que acoge movimientos y asociaciones “no está gestionando recursos pastorales”, sino reconociendo que “el don del Espíritu es más grande que cualquier programa diocesano”.

“Su tarea no es limitar la acción del Espíritu, sino servirle con todo el amor y toda la lucidez de que es capaz”, concluyó.