Opinión

El ciego de Jericó

 

 

Daniel Tirapu


Evangelio.

 

 

 

 

Ser ciego hace dos mil años era mala cosa, no existía la bendita ONCE (lo digo en serio). Jesús se acercaba a Jericó y el ciego, no quiso perder el tren de Jesús Dios, se puso a gritar, a llamarle, a clamar. Los que estaban cerca le rogaban que callase.

Cuantas veces, el ambiente, la familia, los prejuicios, el miedo a clamar, la sonrisa de los "compasivos" nos dicen lo mismo: calla, no molestes, eres un ciego, tranquilo ya te daremos unas monedas cuando pase. Jesús le oyó y le dijo que quieres que te haga. "Señor que vea". San Josemaría decía que al llamarle Jesús, tiró su manto; si Dios llama hay que tirarlo todo.

Pobre ciego, a lo peor te están tomando el pelo y vas a perder el manto, las monedas. Jesús le hizo ver y le seguía feliz. Tagore relata, me emociono al recordarlo, la escena del pordiosero, que ante la llegada del gran Rey pensaba que sus problemas cesaban. Se le acercó el Rey y le dijo. ¿Qué me das?. !¿Yo a ti?!, esto era al revés. Hurgó en su mísero saco y le dió un grano de arroz. Por la noche al hacer el recuento de sus miserias, encontró un grano de oro y se maldijo por no haberle dado todo. Señor, que vea, que veamos, que vean.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es