Tribunas
26/02/2026
¿Menos Dios y más velas?
José Francisco Serrano Oceja
El pasado lunes el diario La Vanguardia publicaba una extensa información sobre los resultados del Barómetro sobre religión y Creencias en España (BREC) de la Fundación Pluralismo y Convivencia, una Fundación, dependiente de Bolaños, que se creó, entre otros fines, para vehicular ayudas también económicas a las confesiones religiosas, que no fueran la Iglesia Católica.
En el periódico catalán decían, basándose en 4.742 entrevistas online, lo que supone un error muestral de +- 1’45%, para un nivel de confianza del 95’5%, que “España pierde la fe en Dios, pero enciende velas”.
El diario desatacaba los datos siguientes, en primer lugar: “Uno de cada tres españoles dice creer en Dios (37%), pero son bastantes más, dos de cada tres, los que creen en mayor o menor medida en la existencia del alma (63%) y en las energías (64%). Un número considerable cree en la astrología (42%) y en la reencarnación (37%). Y es relevante la práctica de actividades como meditar (40%), encender una vela o hacer una ofrenda con fines espirituales (37%) o hacer yoga (22%) y consultar el tarot (10%)”.
Si vamos al documento de resultados de la encuesta nos encontramos con que la religión que obtiene mayor representación entre las personas entrevistadas es el Catolicismo, 46%. Un 8% se identifican con confesiones diferentes a la católica. Nos encontramos con un amplio grupo (42%) de personas que no se identifican con ninguna confesión religiosa. Este resultado es superior entre los hombres y va disminuyendo conforme aumenta la edad.
Por cierto que a la hora de relacionar confesión y política nos recordaban el periódico que “por partidos, el PP es el que tiene el mayor número de votantes católicos y que más van a misa. Más que Vox. Y así ocurre en otros países. “El votante de la extrema derecha se mueve por religión más en términos culturales e identitarios que estrictamente religiosos”, explica Rafael Ruiz Andrés. Para Vox, España es una sociedad católica y los inmigrantes amenazan las tradiciones. Pero al católico convencido hay postulados de la extrema derecha, como el trato hacia los inmigrantes, que le generan contradicciones, señala, y puede albergar reticencias, especialmente los católicos de izquierdas”.
Pero vayamos a las conclusiones principales que plantea el BREC y reflexionemos a partir de ahí:
“La población española se divide casi por igual entre personas que declaran tener creencias religiosas (49%) y quienes no (51%). Este resultado nos dibuja un paisaje religioso fragmentado y en transición, caracterizado por el declive de las formas religiosas tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbridas de pertenencia, tal y como vamos a ir describiendo.
En lo que respecta a la definición en materia religiosa, el 42% de la población no se identifica con ninguna religión -se define como indiferente (17%), agnóstico/a (14%) o ateo/a (11%). Entre quienes sí lo hacen, la religión católica sigue siendo la predominante (46%) mientras que el 8% se identifica con otras confesiones religiosas.
La no identificación con una confesión religiosa no implica necesariamente la ausencia de creencias y prácticas espirituales: un 20% de quienes declaran no tener creencias religiosas, se autodefine como una persona espiritual sin pertenecer a ninguna confesión religiosa. Un 35% de este mismo colectivo afirma que puede existir algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital o cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra.
Entre las personas agnósticas la creencia en el poder de la naturaleza y la madre tierra asciende al 56%. Nos encontramos porcentajes destacados de la población que afirman creer en mayor o menor medida en la existencia del alma (63%), las energías (64%), la astrología (42%) o la reencarnación (37%). También es relevante la práctica de actividades como meditar (40%), encender una vela o hacer una ofrenda con fines espirituales (37%), hacer yoga (22%) o consultar el tarot (10%). Estas formas de espiritualidad cotidiana, muchas veces híbridas y desinstitucionalizadas, revelan la existencia de una búsqueda activa de sentido más allá del marco religioso tradicional”.
Podemos añadir además que “la juventud es el segmento más secularizado (el 61% se identifica como indiferente, agnóstico/a o ateo/a), pero también es el que muestra mayor apertura hacia formas de espiritualidad emergentes: un 31% de las personas jóvenes de 18 a 24 años dice creer en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital, un 29% cree mucho o bastante en la astrología y un 23% en la videncia, resultando significativamente superior al resto de franjas de edad”.
José Francisco Serrano Oceja