Diócesis
La intensa labor de un sacerdote en Pirineos: “atendemos 60 pueblos entre cuatro curas”
El padre John Mario Moná, de la diócesis de Barbastro-Monzón, relata a Religión Confidencial cómo ejerce el ministerio en un entorno rural
25/02/26 | Javier Arias, X
Si por algo se caracteriza la diócesis de Barbastro-Monzón (además de su pasado martirial) es por ser una diócesis de marcado carácter rural.
- Menos de 45 sacerdotes para toda la diócesis
- Cuatro sacerdotes para más de sesenta pueblos
- Pueblos con misa una o dos veces al año
- Misas dominicales en siete u ocho pueblos
- Coordinación a través de grupos de WhatsApp
- Mantener las iglesias abiertas, a pesar de las dificultades
- Falta de relevo en las comunidades
- Las dificultades de los curas rurales
El padre John Mario Moná, de la diócesis de Barbastro-Monzón.
Foto: Redes Sociales de la diócesis.
Menos de 45 sacerdotes para toda la diócesis
Unos 44 curas (muchos de ellos prestados por diócesis extranjeras) son los encargados de administrar los sacramentos desde Fraga hasta Bielsa, el último pueblo que hace frontera con Francia.
Cuatro sacerdotes para más de sesenta pueblos
El padre John Mario Moná es el párroco de Aínsa y junto a tres sacerdotes más, atiende más de 60 pueblos de la unidad pastoral de la comarca del Sobrarbe. En conversación con Religión Confidencial, este sacerdote de la diócesis de Barbastro-Monzón narra cómo es su experiencia siendo cura rural en pueblos del Pirineo.
Lleva ordenado siete años como sacerdote. Fue destinado al poco de ordenarse a Bielsa, pueblo del que toma el nombre el túnel que conecta España con Francia al norte de la provincia de Huesca. Desde allí, también atendía los pueblos de los valles de alrededor. Tras varios años destinado en ese pequeño pueblo de menos de 500 habitantes, en septiembre del 2024 se trasladó de párroco a Aínsa, considerado uno de los pueblos más bonitos de España.
Pueblos con misa una o dos veces al año
John Mario Moná reconoce que hay pueblos que, por cuestiones logísticas y número de habitantes, tienen solo una misa una vez al año y otros pueblos quizá dos. En verano, favorecidos por el turismo rural, muchos de estos pequeños pueblos del prepirineo vuelven a tener más vida.
El padre John Mario Moná, en Aínsa,
imposición de ceniza con los niños y niñas de la localidad.
Foto: Redes Sociales de la diócesis.
Misas dominicales en siete u ocho pueblos
Este sacerdote explica a este medio que donde sí hay misa todos los días, a excepción del lunes, es en Aínsa. En este pueblo, su párroco manifiesta que a misa de diario acuden solo tres personas. Una cifra, que los jueves, día que se expone al Santísimo, sube ligeramente.
Todos los domingos, los cuatro sacerdotes que atienden esta unidad pastoral se organizan para celebrar misa en siete u ocho pueblos como Aínsa, Boltaña, Laspuña, Tierrantona, Bielsa y Plan. Otra quincena de pueblos suele tener misa cada dos semanas. El domingo que no hay sacerdote, un animador de la comunidad celebra la liturgia de la Palabra.
Coordinación a través de grupos de WhatsApp
La clave de la organización, para saber cuándo hay misa y a dónde poder ir, es la coordinación a través de grupos de WhatsApp. “Hay seis grupos de seis sectores para avisar cuando toca misa”, cuenta el padre John Mario Moná, aunque reconoce que la mayoría de fieles ya saben cuando toca que tengan misa en sus pueblos.
El padre Moná, arcipreste de Sobrarbe-Ribagorza, detalla que en Bielsa tienen un grupo de Whatsapp; los vecinos de Chistau tienen otro y existe otro más de los pueblos de la ribera del río Cinca. En esos grupos, los sábados se publican los horarios de las misas y celebración de la Palabra.
Además, en cada pueblo hay -al menos- un ministro de la comunión cuya función también es la de informar a las personas mayores -que no se manejan con las tecnologías- de cuándo hay misa y avisar a los sacerdotes de personas que están enfermas y necesitan que se les lleve la comunión o administrar el sacramento de la penitencia o unción de enfermos.
El padre John Mario Moná, en Aínsa,
imposición de ceniza con los niños y niñas de la localidad.
Foto: Redes Sociales de la diócesis.
Mantener las iglesias abiertas, a pesar de las dificultades
En conversación telefónica con este medio, este sacerdote asegura que hacen todo lo posible para mantener las iglesias abiertas en estos pueblos, pero existen ciertas dificultades. Abren muchas iglesias de los pueblos gracias a la colaboración de mujeres que viven en los pueblos que se encargan de abrir y mantener los templos.
No obstante, a veces hay situaciones de mal gusto como la que ocurrió recientemente en la iglesia de Aínsa, donde alguien entró y defecó en su interior. Aún así, el padre John Mario afirma que no quieren cerrar las iglesias pero tienen que estar más pendientes.
Falta de relevo en las comunidades
Este cura rural pirenaico no esconde que la situación en muchos de estos pueblos es dramática, debido a la falta de relevo generacional. Hay poca población y la mayoría envejecida porque los jóvenes se van. La asistencia de los jóvenes a misa en estos lugares es anecdótica y no es hasta que salen de aquí y van a otras grandes ciudades cuando descubren grupos de fe con más jóvenes como por ejemplo Hakuna, los Catecumenales o Effetá.
En la diócesis de Barbastro-Monzón, son conscientes de esta problemática. Por ello, desde hace ya un tiempo, el área de Pastoral Juvenil Vocacional del obispado organiza las “Noches Claras”, una vigilia de adoración destinada a jóvenes que recorre diversos pueblos de la diócesis para tratar de acercar la fe a la juventud.
John Mario Moná es el único sacerdote de la diócesis que da clases de religión. Imparte la asignatura en Graus y en Castejón de Sos. Ahí palpa en primera persona la situación en la que se encuentran muchos jóvenes “que no han recibido la fe en su casa”, aunque asegura que para él es un soplo de aire fresco el contacto con jóvenes.
Las dificultades de los curas rurales
Ser sacerdote de muchos pueblos en un entorno rural no es fácil. Aunque están acostumbrados a tener que hacer muchos kilómetros e invertir mucho tiempo en desplazamientos, reconoce que la primera dificultad a la que se enfrentan es la de “cuidarse así mismo” ya que “el agotamiento a veces es extremo”.
Tiene claro que para sobrevivir en estas condiciones, “el cura necesita rezar” y añade también que “hacer deporte”. Entre los sacerdotes que atienden estos pueblos, tratan de hacer piña y apoyarse entre ellos. Muchas veces se junta para rezar por las mañanas y don John Mario procura compartir alguna comida del día con otro cura que vive cerca. “Hay curas muy solos” confiesa este arcipreste que señala como punto esencial “hacer familia” entre ellos.
El padre John Mario Moná deja claro que esta situación no se le escapa a su obispo, don Ángel Pérez Pueyo, quien les apoya “mucho” en todas sus necesidades.