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La joya románica que corona las Hoces del Duratón: misterio y naturaleza en la Ermita de San Frutos
Un paraje natural, una construcción milenaria y leyendas que la convierten en parada obligada del turismo espiritual y cultural de Castilla y León
14/02/26 | M. S.
en la provincia de Segovia, la Ermita de San Frutos atrae cada año a miles de visitantes que combinan sus rutas de naturaleza con una visita a uno de los templos románicos más antiguos de España. Testigo de historia, fe y leyendas, este lugar mágico ofrece panorámicas únicas, patrimonio arquitectónico y una experiencia que trasciende lo turístico.
- Un templo en el corazón de la naturaleza
- Historia milenaria
- San Frutos: del santo al románico
- Una visita que combina cultura y aventura
- Más allá de la ermita
Ermita de San Frutos río Duratón (Segovia).
Foto: Segovia un buen plan.
Un templo en el corazón de la naturaleza
Elevada sobre un saliente rocoso que domina las Hoces del río Duratón —parte del Parque Natural de las Hoces del Duratón, en Castilla y León—, la Ermita de San Frutos es mucho más que una construcción: es un destino imprescindible para quienes aman la historia, la fe y la naturaleza.
Declarada Monumento Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural en 1931, esta ermita románica se levanta en uno de los escenarios paisajísticos más espectaculares del centro de España, donde los cortados calizos forman un impresionante cañón natural.
Su ubicación estratégica sobre los meandros del Duratón permite disfrutar de vistas panorámicas que combinan flora, fauna y arquitectura: desde el lugar se pueden observar vuelos de buitres leonados y un entorno prácticamente virgen, escenario natural de varias películas y series.
Historia milenaria
La ermita tal como la conocemos comenzó a edificarse en el siglo XII, sobre restos de una construcción anterior y de una necrópolis visigoda anterior. Según los estudios históricos, se levantó tras la donación que hizo el rey Alfonso VI al monasterio de Santo Domingo de Silos en 1076, y la iglesia fue consagrada en torno al año 1100 bajo la dirección de maestros monásticos.
Arquitectónicamente, la iglesia es un excelente ejemplo del románico primitivo al sur del río Duero: de nave única, cubierta por bóveda de cañón y con sencillas pero poderosas líneas que reflejan la sobriedad del arte medieval.
Durante siglos, la ermita formó parte de un conjunto mayor: un antiguo priorato benedictino que floreció en este lugar remoto como centro espiritual y estratégico de la zona hasta mediados del siglo XIX. Hoy en día, apenas quedan restos del antiguo monasterio, pero la iglesia sigue en pie, fiel testigo del paso del tiempo y de la fe.
San Frutos: del santo al románico
El nombre de la ermita proviene del santo patrón de Segovia, San Frutos (642-715), figura central en la tradición espiritual de la región. La historia de San Frutos y sus hermanos —San Valentín y Santa Engracia— está envuelta en leyenda. Según las crónicas locales, estos tres ermitaños se retiraron a las Hoces del Duratón para dedicar sus vidas a la oración y la contemplación tras repartir sus bienes entre los pobres.
Se le atribuyen actos milagrosos, como la apertura con su bastón de una grieta en la roca para proteger a los habitantes de la zona de una incursión, conocida como “La Cuchillada”, cuya huella aún se recuerda en el paisaje. Otra leyenda famosa cuenta el relato de la “mujer despeñada”, salvada de una muerte segura y cuyo agradecimiento quedó inscrito en uno de los muros de la ermita.
El conjunto termina de cobrar sentido con la ruta de peregrinación conocida como Camino de San Frutos, una travesía de más de 80 kilómetros que parte de la ciudad de Segovia y culmina en este enclave sagrado, atrayendo a fieles y caminantes de toda España.
Una visita que combina cultura y aventura
Llegar a la ermita es, en sí mismo, parte de la experiencia. El acceso a pie desde el cercano aparcamiento implica atravesar senderos y miradores que regalan postales naturales del parque, con el murmullo del río y la presencia constante de aves rapaces que surcan el cielo.
Una vez en el lugar, el visitante queda sorprendido por la sensación de haber llegado a un punto en el que historia, naturaleza y espiritualidad convergen de forma armoniosa. La contemplación de las hoces, el silencio del entorno y la arquitectura románica crean una experiencia única.
Más allá de la ermita
El entorno de San Frutos es también un territorio de aventura: los amantes del senderismo, la observación de aves y el turismo rural encuentran en las Hoces del Duratón un auténtico paraíso, con rutas y miradores que permiten descubrir la biodiversidad y la geología del parque.
Además, localidades cercanas como Sepúlveda añaden al viaje un componente cultural y gastronómico, con tradiciones locales y festividades ligadas a la figura del santo y a la propia historia de la comarca.
Ermita de San Frutos río Duratón (Segovia).
Foto: Segovia un buen plan.