Tribunas
26/01/2026
Algún valiente que edite en español a Ida F. Görres
José Francisco Serrano Oceja
No sé si llamar un día de estos a monseñor Javier Martínez, que me dicen que está embarcado en un nuevo proyecto editorial, para sugerirle que le dé una vuelta a la idea de publicar en España algún libro de Ida Friederike Görres.
Un buen amigo me pasó hace unas horas la referencia de lo que el obispo Erik Varden acaba de publicar en su web sobre esta autora. Varden considera que Görres es “una voz crucial para el momento presente”. Y razones tiene.
Partamos de la base de que Joseph Ratzinger dijo de esta autora que poseía “una certeza perspicaz ante las cuestiones y tareas urgentes de la Iglesia actual”.
Recomiendo a los lectores el artículo publicado en onepeterfive.com, “Ida Friederike Görres: Una católica olvidada redescubierta”, de Jennifer S. Bryson, PhD.
En este texto se hace un repaso de su apasionante biografía y una síntesis de algunas de sus más importantes obras de esta autora, que nació en 1901 y murió en 1971, cuya producción bibliográfica se encuentra en inglés y en alemán.
Para los aficionados a encuadrar, a juzgar a los demás con fáciles marcos mentales, Jennifer S. Bryon recuerda la lección que Görres da a los tradicionalistas cuando nuestra autora estudia y escribe sobre la obra de Teilhard de Chardin a través del prisma del misticismo. “La peculiar obra de Görres sobre Chardin -escribe Bryon-, vista en el contexto de décadas de su sólida y valiosa escritura católica, debería recordarnos, a los tradicionalistas, que tengamos cuidado de no tirar al bebé junto con el agua del baño”.
Vuelvo a Erik Varden. En el prólogo que este obispo noruego, que hace poco estuvo por España, ha escrito a una nueva edición de una de las más importantes obras de la autora nacida en Bohemia, “El pan crece en invierno”, señala:
“Sería un error presentar a Ida Görres solo como una anticuaria. Su preocupación era teológica. Ella insistía, al igual que los Padres Conciliares en su constitución “Lumen Gentium”, en que la Iglesia debía entenderse como una realidad sacramental y personal. Görres lamentaba el eclipse de la teología en gran parte de lo que se decía sobre la Iglesia, y lo que se le hizo a ella, en los intensos años de finales de los 60, con Occidente atrapado en una revolución cultural que, con frecuencia, se desarrollaba como un ataque dirigido a las instituciones. La Iglesia, repetía constantemente, no puede ser comprendida ni verdaderamente amada por quien la considera en términos institucionales sin reconocerla como “la creación más extraña de Dios, tan única en su tipo, tan grande, tan contradictoria, tan colorida que ninguna persona puede hacerse balance de ella y entenderla, y ciertamente ningún externo puede asimilarla por completo, y mucho menos entenderla y juzgarla””.
Ida F. Görres dijo en una conferencia de 1970: “Para mí, la historia de la Iglesia es el gran libro de consuelo”. Otra frase suya de esa época: “Quizá sus nietos en un futuro—¡por discordancia generacional!—se encontrarán cansados de pisotear y rechazar y extraigan grandes descubrimientos de aquello que hoy les es difamado y ocultado”.
¿Puede esto estar pasando ya ahora?
José Francisco Serrano Oceja