Colaboraciones

 

La tentación (XI)

 

20 febrero, 2021 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El hombre no puede vencer la tentación sin la gracia de Cristo.

Cada uno de nosotros hemos experimentado y seguimos experimentando la tentación. Jesús, vence las tentaciones en el desierto y las soporta durante toda su vida, hasta la muerte, y así nos salva del pecado y nos da la vida, y se convierte en el modelo que deben imitar y seguir sus discípulos.

Jesús fue tentado, y lo será durante toda su vida: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compartir el peso de nuestras debilidades, sino al contrario: tentado en todo, como semejante nuestro que es, pero sin pecado» (Hb 4, 15). Jesús fue tentado en el hambre y la sed, en el frio y la fatiga, en éxitos clamorosos y en fracasos desalentadores, en la inoportunidad de las gentes, en la soledad y en la incomprensión de sus más cercanos, y en la hostilidad de los gobernantes. Por eso dice a sus discípulos: «Vosotros habéis permanecido conmigo en mis pruebas» (Lc 22, 28). Y en la carta a los Hebreos: «Porque él mismo soportó la prueba, es capaz de socorrer a los tentados» (2, 18).

Jesús en el desierto fue tentado y probado por Satanás, ¿pero existe Satanás?, ¿existe el demonio? Dijo Baudelaire que la mayor astucia del demonio ha sido hacer creer que no existe. Pero tanto Goethe como Dostoyevsky sí creyeron en el demonio. Pablo VI afirmó que era un ser personal perverso y pervertidor. El demonio pretende inducir a Jesús a elegir un mesianismo falso, triunfalista y humano, terreno y mundano, lejos del plan de Dios, como sabemos con claridad por Isaías.

Las tentaciones llegan a la raíz del mesianismo redentor. Cuando Cristo experimentó el hambre, desfallecido, sobrevino la tentación. El diablo se aprovecha de esa circunstancia para tentarle. Con la Palabra de la Escritura, el ayuno, la soledad, ha vencido la tentación. Es el Adán Nuevo. La réplica de Adán, la contrapartida de Adán. Adán fue tentado y fue vencido. Los israelitas en el Éxodo también sucumbieron a las tentaciones, y cuando sintieron hambre murmuraron y protestaron y pidieron pan.

No era malo que, al tener hambre, Jesús comiera; Jesús podía haber convertido las piedras en pan. Allí no había posibilidad de adquirir pan. Pero es más propio que bajen los ángeles y le sirvan, dejando las piedras quietas. Tampoco cuando se compadezca de las gentes a punto de desfallecer, convertirá las piedras en pan. Sería demasiado espectacular. Jesús es más sencillo. Pedir los panes que tienen y multiplicarlos, parece más humano y natural y más valorizador de la aportación humana. A Jesús le gusta la naturalidad aun en los milagros: agua en vino, pesca en el mar...