Colaboraciones

 

El manejo manipulador de la historia

 

18 febrero, 2021 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

No es de extrañar que el manejo manipulador de la historia se haya convertido en una de las armas más poderosas en la mentalización de las generaciones. Porque con la historia se puede hacer amar lo que en realidad es odioso y hacer odiar lo que en realidad es amable. Con el dominio de la historia (de la historia escrita y la historia contada) podemos, como hace en nuestros tiempos la New Age, dibujar un Jesucristo diabólico y un diablo benefactor de la humanidad; podemos hacer creer que quienes trajeron la fe solo querían tu sangre y tu oro; podemos vestir de piratas a los misioneros y angelizar los tiranos. El marxismo entendió muy bien el poder destructivo de esta manipulación cultural; especialmente a partir de un hombre tan inteligente como intelectualmente pervertido como fue Antonio Gramsci, el ideólogo de la revolución cultural.

Tergiversar la historia. ¿Por qué o para qué? Por motivos ideológicos, ante todo. A veces los datos han sido modificados para crear opinión pública. Así, por ejemplo, las leyendas contra la labor de España en tierras americanas (que pasó luego a la posteridad como la leyenda negra por antonomasia) fueron creadas, en gran parte, por los enemigos de la corona española —principalmente sus enemigos ingleses y sobre todo la francmasonería— para suscitar el consenso internacional contra España. Con el tiempo, las leyendas pasaron a ocupar un lugar importante en los programas de estudio en nuestras escuelas laicas, e incluso de las católicas.

En muchos casos estas leyendas negras han formado parte de campañas denigratorias contra la Iglesia Católica y contra aquellas instituciones civiles o políticas que la han apoyado en algún momento de su historia. Es el caso de la España católica del siglo XVI. La tergiversación también ha tenido como móvil intereses de orden político. Suele decirse que la historia la escriben los vencedores. Tiene esto algo de verdad; aunque no es toda la verdad, pues la historia a veces se escribe mientras se combate y precisamente como una de las armas más útiles para alcanzar la victoria. Al menos la victoria política y militar; nunca la victoria moral que solo puede conseguirse con la verdad. Pero, ¿a cuántos políticos, sociólogos e ideólogos, puede importarle una victoria moral?